domingo, 7 de agosto de 2011

La envidia, mala amiga. Sabri

La envidia, mala amiga

Eran las 8 pm y me encontraba en un bar de las afueras de Londres, tomando mi cappuccino como todos los otros días. En ese momento entra un señor elegante y muy alto, no le pude ver la cara ya que la tenía tapada con un paraguas, eso me dio una sensación de misterio. Se sentó en la mesa de adelante, pero dándome la espalda. Logre conocer su nombre por la mesera que lo conocía y lo saludó muy amablemente, el importante hombre se llamaba Peter Kendrik. Sabía que ese nombre lo había odio antes pero no podía recordar de dónde.

No le di más importancia a esa persona y me dediqué a tomar tranquilamente mi café y a leer el diario para informarme de las noticias. Las horas pasaron y la gente entraba y salía constantemente, pero yo seguía ahí. Se hicieron las 10 de la noche, era momento de que me retire del bar, dejé la plata en la mesa y me paré. No vi a la mesera por ningún lado, pero sí vi una gran cantidad de hojas en la mesa antes ocupada por el señor misterioso. Me acerqué y fijándome que nadie me viera lo tome y salí del lugar. Sentía intriga por esas hojas que tanto me pesaban, no podía ir a mi casa a dormir así que decidí caminar por los bellos paisajes de Londres leyendo lo que parecía ser un libro. Caminé y caminé, cada vez me sentía más atraída por la historia que estaba leyendo, hasta que llegué a una pequeña placita ubicada enfrente del río Támesis, me senté en el pasto verde bajo un farol y ahí me quede, leyendo. A medida que leía, las horas pasaban y así se hicieron las 12 de la noche, después las 3 de la madrugada y sucesivamente. El sol empezó a salir y la ciudad a cobrar vida pero yo seguía ahí, sentada y leyendo.

Un oficial pasó por el lugar y me preguntó si me ocurría algo, yo con mucho respeto le respondí que no, que todo se encontraba bien. Ya pasadas las 8 de la mañana mi estado no era muy bueno, mis ojos estaban rojos por la falta de sueño y mi ropa tenía manchas verdes por el pasto. El oficial se estaba marchando cuando terminé de leer y note que todo este tiempo había tenido en mis manos el libro a estrenar de Harry Potter; fue ahí que razone y me di cuenta porque me sonaba el nombre de Peter Kendrik, este alto señor es el mejor amigo y socio de la escritora J. K. Rowling, pero la gran cuestión es ¿Por qué él tendría el libro?. En medio de todo este pensar el uniformado se había alejado unas cuadras de mí por lo que salí corriendo en su búsqueda. Cuando finalmente logré alcanzarlo apenas podía respirar, tome una gran cantidad de aire y comencé a contarle todo lo sucedido sin detener me ni un segundo, ya que mientras corría recordé que el “gran amigo” tuvo sus antecedentes. Esto es lo que declaré a la policía de Londres cuando me interrogaron, básicamente les conté mi noche entera sin detenerme en cosas insignificantes. El oficial que me hacía las preguntas me había ofrecido una taza de café y una frazada para calmar el frío que sentía y, por sobre todo, me aseguró que ellos se iban a encargar de averiguar lo que había sucedido.

Lo último que me enteré del caso fue gracias al diario, donde salió una noticia que decía: “mejor amigo y socio de la famosa escritora Rowling es encarcelado tras haber robado el último libro de la saga del millón y por haber secuestrado a una persona. Se le hizo un examen psiquiátrico a Kendrik pero de nada sirvió, ya que no confesó dónde tiene a su supuesta amiga, pero si confeso que todo lo había hecho por algo de atención, porque nunca le daban crédito a él por las pequeñas ayudas que le daba a la millonaria y, sobre todas las cosas, por envidia. Además agrego, que hay algo que nunca va a confesar y es donde la tiene a la mujer, “que se pudra sola y sin poder ganar más nada en la vida”, estas fueron las últimas palabras del ladrón”

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