domingo, 7 de agosto de 2011

La medalla de plata, Malena A.

La medalla de plata
     La mañana del 10 de abril, William Stoker desayunaba tranquilamente en su pequeña cocina. Tomaba café amargo al tiempo que leía el diario, dos cosas que en su mañana no podían faltar. Luego de haber revisado minuciosamente la sección de policiales sin encontrar ningún caso interesante para llevar al trabajo, pasó a mirar superficialmente el resto de los titulares. Una corta nota fue lo único que le llamó la atención. Al parecer la última subcampeona de remo  en los juegos olímpicos había dejado olvidada su medalla en un taxi. William pensó que la gente realmente no podía ser tan despistada con esos objetos de valor, sin embargo dejó el diario abierto sobre la mesa en esa página para asegurarse que su mujer al levantarse viera el artículo. Sabía que le podía llegar a interesar ya que uno de sus pacientes tenía un serio problema olvidando cosas. Recordaba, mientras se subía al auto y manejaba a la oficina, cómo durante los últimos días el tema predominante a la hora de la cena elegido por Sarah era contarle sobre este paciente suyo que se  creía había participado en un crimen y perdido la memoria, por lo cual era vital que recordara.
    Entró a la recepción cavilando sobre la pila de casos disponibles que sin duda estarían sobre su escritorio. Quería elegir el que más sencillo le pareciera (cosa difícil ya que las personas no suelen recurrir a detectives con casos simples), debido a que su último trabajo no había salido muy bien y necesitaba levantarse el ego.
    Al abrir la puerta de la oficina se sorprendió. Anne, su secretaria, le pedía irritadamente a una segunda mujer que él no conocía que esperara afuera.
-Detective Stoker, lo siento mucho, pero la Srta. Taylor… no pude impedir que entrara, señor…- dijo Anne apresuradamente.
-Quería asegurarme que me atendiera, Sr. Stoker- repuso la llamada Srta. Taylor- Un placer conocerlo, soy Rachael Taylor- dijo extendiendo la mano con gesto masculino.
    William respondió al saludo y le indicó a Anne que se retirara.
-Por favor, tome asiento- la invitó sentándose en el sillón grande detrás del escritorio.
    Ella aceptó y sin dejarlo hablar, comenzó:
-Sr. Stoker, tal vez haya escuchado usted mi caso. Bueno, en realidad, los medios lo consideraron como un desafortunado accidente, pero le aseguro que fue un robo.- en ese punto se dio cuenta que el hombre no la seguía y aclaró- Como ya le dije soy Rachael Taylor. ¿La que se olvidó la medalla de plata en el taxi?
-Oh, sí, claro, lo leí hoy en el diario- eso explicaba que el nombre le sonara tan conocido.
-Sí, de hecho, el robo fue hace unos cuatro días, la prensa se enteró más tarde. Ahora le contaré mi versión de los hechos- dijo con su rápido hablar que abrumaba a su interlocutor-. Un vez que salí del vestuario luego de la entrega de medallas me subí al taxi que le había pedido a mi asistente que llamara. Le dije que me llevara al hotel donde me alojo, al Hilton… Y bueno, lo próximo que recuerdo es que el taxista me avisó que ya habíamos llegado. Entré al hotel y me di cuenta de que mi medalla no estaba en mi bolso. Llamé a la compañía de taxis, no la encontraron en ningún coche y mi agente insistió en verificar que ningún taxista se la hubiera robado.
-Bueno…- él quería un caso fácil, pero encontrar una medalla extraviada le parecía francamente humillante- probablemente usted se quedó dormida, debía estar cansada de tanto remar- concluyó haciendo un esfuerzo por recordar qué deporte practicaba.
-¡No sea ridículo!, le puedo asegurar que el taxista me drogó. No ponga esa cara. Cuando volví al complejo donde había sido la competencia a ver si estaba allí se me ocurrió pedirle a uno de los enfermeros que habían hecho el análisis toxicológico que repitieran la prueba y salió que mi sangre tenía vestigios de Propol.
-¿La anestesió? Supongo que era uno de esos taxis que tienen un vidrio que separa la cabina delantera de la trasera, ¿verdad?
-Precisamente. ¿Qué dice ahora, Sr. Stoker? ¿Tomará el caso?- le preguntó con una sonrisa burlona.
-De acuerdo, Srta. Taylor, pero déjeme hacerle unas pocas preguntas.
-Adelante.
-Bien, primero, ¿podría describir al hombre?
-Era flaco, pelo marrón corto, unos treinta años, debía medir 1,80, no lo sé, es difícil decirlo estando sentado.
-¿Color de piel?
-Blanco.
-¿Me puede decir algo del rostro?
-No mucho, no se volteó en ningún momento y el auto no tenía espejo retrovisor.
-Ajá, ¿y recuerda si estaba transpirado?
-Ehh, yo diría que no. Se veía normal…. Y seco.
-¿Y el taxi tenía aire acondicionado?
-No, realmente hacía calor- contestó un poco extrañada viendo a William escribir en su anotador como un loco.
-¿Recuerda su voz?
-Tenía acento australiano, pero del tono no estoy  muy segura ya que me pareció más grave cuando me bajé pero quizás fue por la anestesia.
-Sólo una pregunta más. ¿El taxi estaba reservado?
-Sí, traje una tarjeta que me dio mi asistente del lugar a donde llamó.
-Bueno, eso es todo, Srta. Taylor. Le avisaré si hay algún avance en la investigación a su hotel.
    Al irse la mujer, William se tomó unos minutos para pensar con claridad y formarse una hipótesis.
    Sus actividades hasta el mediodía fueron hacer una llama a la agencia de taxis y visitar la comisaría. Justo cuando se dirigía a revisar las grabaciones de las- cámara instaladas en los semáforos, Sarah lo llamó para saber cómo estaba. Él le contestó que muy bien y  le contó el caso muy resumido. Al escucharlo ella le reveló la segunda intención de su llamado. Su paciente había tenido un gran avance. Recordaba haber sido taxista y llevado a una mujer al Hilton.
    Rápidamente, el detective Stoker fue al centro psicológico, luego de ir a buscar los videos de las cámaras, donde trabajaba su esposa. Ella y un hombre flaco, de 1.80 o por ahí con pelo marrón lo esperaban.
-William, él es Mark-los presentó- Podes preguntarle lo que quieras pero n o lo presiones a recordar- Mark se golpeó la cabeza contra el pavimento fuertemente cuando un auto lo chocó, tuvo suerte de no recibir ninguna otra lesión grave. Se despertó en el hospital y lo único que recordaba era que tenía que informar algo a la policía.
    El detective lo interrogó por más de  media hora. Luego volvió a ir a la comisaria bastante conforme con sus averiguaciones, y fue directamente al Hilton.
   La Srta. Taylor lo recibió sorprendida pero complacida en su habitación del piso 12. Esta vez el detective Stoker no la dejó hablar.
-Ya tenemos el nombre del ladrón. Acabo de dar la orden de captura a Ross Smith. Fue un hombre muy astuto, habría sido difícil atraparlo sin que nadie lo delatara. Para hacerlo más claro le voy a contar todo desde el comienzo. El hombre que le robó no es un taxista, probablemente se acababa de subir al auto, de otro modo habría estado todo sudado luego de haber pasado medio día encerrado en el auto. Cuando usted dejó mi oficina llamé a la supuesta agencia a la que su asistente, que resultó ser el hermano de Smith, pidió el taxi. Sus autos no tiene el vidrio que separa las cabinas. Por lo tanto, su asistente era cómplice. Inmediatamente fui a la comisaría para saber si habían encontrado un auto abandonado. Así era. Hubo otro implicado, Mark Hayes. Fue atropellado por Smith y perdió la memoria. Por suerte recordó haberla llevado a usted al hotel. En fin, le mostré el video que encontré del accidente, filmado por una cámara de seguridad, y recordó todo. Le hice una par de preguntas y así quedó la historia reconstruida: su asistente le dijo a Smith la hora en que usted salía. Él tenía el taxi preparado, con un tanque de Propol en parte de adelante conectado a la parte de atrás por una manguera. Usted se subió, le dijo la dirección y él dejó salir el suficiente gas para dormirla por media hora. Manejó la mitad del camino, paró y le robó la medalla utilizando una máscara de gas. Entonces entra Hayes. Un sujeto para despistar y evitar que le afecte las posibles filtraciones de la anestesia, que la dejó en el Hilton (que sean dos hombre explica que tengan voces diferentes). Habría sido el plan perfecto si Smith no se hubiera negado a pagarle todo lo que le debía a Hayes, y éste  hubiera dicho que iba a entregarlo a la policía. Smith desesperó y lo atropelló. Está acusado por robo e intento de homicidio.
Una semana más tarde la medalla fue devuelta a su dueña con una nota que explicaba que Smith había terminado en un psiquiátrico internado debido a su obsesión con ella, Rachael, y que por eso había robado la medalla de plata que tenía puesta cuando fue arrestado.

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