miércoles, 31 de agosto de 2011

La muerte de Liliana, Joel


 Era una noche fría y lluviosa, parecía como si no hubiese estrellas. Estaba yo sentado en mi pocilga, haciendo mi aburrido trabajo, cuando entro Báez y mi gran amigo Sandoval. Lo primero que pensé fue que algo anda mal, sobre todo por el rostro que puso al entrar. Pero ni bien empezó a hablar en seguida me cambió la cara.
-Amigo Benjamín, tengo una noticia que contarte. El asesino Isidoro Gómez fue arrestado ayer peleando en un estación de trenes- Su cara reflejaba alivio, como que ya todo había pasado. ¿Que habían agarrado a Isidoro Gómez?, imposible. Eso fue lo primero que pensé.
-Fue puro mérito de Báez, sino hubiese sido por él, no lo amarrábamos más. Decía Morales elogiando al gran comisario.
-No había sido fácil;  lo agarré en el tren pero sin saber quien era-. Decía Báez. Yo hasta tanto todavía no podía creer lo que me estaban hablando.
-Es un pelotudo el pibe este, si no hubiese sido por la cagada que se mandó, no lo agarraba. Estaba en el tren haciendo de guardia, empecé a pedir los tickets y cuando me acerqué a este pibe salió corriendo como una liebre; dejé los boletos y salí corriendo lo más rápido que pude, y eso que estoy sin estado físico. En seguida otros guardias se unieron a la persecución que nos llevó fuera del tren. Ahí afuera, me dí cuenta de quien era, y rápidamente me contacte con Sandoval.-
 Me reí mucho cuando Báez me contó la historia, no podía creer en la manera que este delincuente había sido arrestado. Ahora me tocaba a mí la parte más difícil, pensé rápidamente. Debía hacer hablar a Gómez, pero sabía que no iba a ser fácil, y como yo supuse, no dijo nada. Se resistía a cualquier cosa. Estuve dos horas encerrado en ese antro sin ninguna respuesta, eso era lo que más me inquietaba. Le pregunté veinticinco mil veces, si quería confesar algo pero se negaba a hablar. Se resistía a cualquier pregunta, lo único que quería era un abogado, pero me llevaría mucho tiempo conseguirle uno, y no quería que saliera de esta, por eso me apuré a apretarlo.
-Y no vas a hablar pendejo boludo, porque no me decís todo y arreglamos tu conde….  Todo parecía en vano hasta que llego mi tan querida y apreciada amiga Irene,  la jueza a la que yo le tenía tanto respeto. Cuando entró en el despacho me miró enseguida y me guiño el ojo, no entendía que pasaba hasta que empezó a hablar.
-Es imposible que este flacucho se la halla violado, mira lo que es este pobrecito- decía Irene. En ese momento me percate de lo que estaba sucediendo.
-Le faltan un par de dientes, es puro hueso ni siquiera tiene físico- hablando de Gómez.
-Encima, ella con terrible lomo que tenía, tan linda; es imposible para la clase de persona que es este espantoso hombre-.
En ese momento se le desató la furia a Gómez y le pegó una trompada a Irene. Me levanté del asiento en seguida con ganas de romperle la cara a este infeliz, pero en seguida los guardias lo agarraron.
 -Me la violé de arriba para abajo- decía Gómez enojado.
-Y yo mismo la maté, vos que decís que es imposible para mí, ahí tenés, mira como quedó la pobrecita-. Se largó a decir todo, y yo con mis dedos chiquitos alcancé a  escribir todo, sin perderme de nada. Eso era suficiente como para arrestarlo, podía cumplir tranquilamente una condena de aproximadamente 20 años.
 Esta noticia sería, segura, una de las mejores noticias para Morales, se sentiría satisfecho porque habíamos agarrado al asesino de su esposa, cavilé detenidamente. Ni bien se enteró de la noticia, se puso muy contento, sobre todo por el trabajo que habíamos hecho. Al fin podíamos descansar en paz, sin que este asesino este suelto.
 Tres meses después, estaba sentado en mi despacho arreglando unos papeles, como era de costumbre, ya que si no arreglo yo los papeles, nadie lo hace, cuando de repente en uno de los papeles me encuentro con una carta mandada por Báez hacia mí. Enseguida me puse a leerla. No podía creer lo que había sucedido. Respiré hondo y tomé el teléfono. Marqué el número con rapidez y me senté esperando a que me atendiera.
De repente escuché una voz familiar.
-¿Diga?-, me decía esa voz.
-Sandoval, querido amigo, soy Chaparro-, esperé una respuesta amigable.
-Benjamín, ¿Cómo andas tano tiempo?-, me preguntó.
- Bien, como es de costumbre- respondí.
- Algo terrible pasó, acabo de recibir una carta de Báez diciendo que Isidoro Gómez fue liberado por las autoridades de la prisión-.
-¿Cómo?-, su voz se tiño de perplejidad.
- Sí así es, tenemos que hacer algo al respecto, por lo menos informarle esta horrible noticia a Morales-.
-Si eso me parece justo-, dijo del otro lado Sandoval vacilando.
En seguida empecé a escribir una carta hacia Morales:
Para Morales:
 Querido Morales, he recibido una horrible noticia sobre Isidoro Gómez. No me cabe duda, de que para usted será aún más terrible. Ayer a las 11.00am fue liberado por las autoridades de la prisión. Lo consideraron un preso político, como usted sabe, en estos momentos difíciles que estamos viviendo, le perdonan la vida a esta clase de delincuentes.
 El comisario principal de la prisión lo había liberado por órdenes de autoridades mayores. Romano fue el que dio esta orden, un tipo que yo conocí hace muchos años. Esta demás decir, que es un delincuente, soberbio. No me cabe duda de que Gómez fuese a trabajar para Romano, por algo lo liberaron.
Me aferro mucho a la idea de que Gómez va a querer hacer algo con todas las personas involucradas en su encarcelamiento, ahora anda libre por la ciudad y encima respaldado por un político como es Romano
Le pido por favor que se cuide, hasta tanto podamos encarcelarlo nuevamente. No va a ser cosa fácil, pero le aseguro que yo junto a mis colegas, vamos hacer todo lo posible por solucionar este gravísimo problema.
Lo mantendremos informado de cualquier noticia que tengamos.
Atentamente, Chaparro.

¿Qué vamos hacer?, pensé. ¿Cómo vamos agarrar a este delincuente?, encima respaldado por un político. Enseguida me puse en campaña para llamar a mis conocidos y averiguar el paradero de Gómez, pero no solo debemos saber el lugar donde estaba, les dije a mis camaradas, sino también, tenemos que tener pruebas en contra del asesino. No va a resultar fácil, pero debemos apresurarnos antes de que sea tarde.
Buscamos y buscamos por todos lados, ni siquiera teníamos una pista de él, nadie sabía nada de él. Por un momento me resulto algo extraño que nadie lo halla visto, pero pensé que se habia ido del país.
Eran las 14.00 PM, estaba en mí despacho investigando fuentes, cuando me llegó una carta diciendo:




Para Chaparro:
 Debo decirle Benjamín que aprecio muchísimo lo que usted hace por mí. No he encontrado ninguna persona como usted. Yo sé que usted esta desesperado buscando a Isidoro, y supongo que no lo ha encontrado por ningún lado.
Debe haber justicia en este país Benjamín, justicia que nunca voy a encontrar. No logro explicarme como suceden estas cosas.
No solo estaba resentido por la muerte de mi esposa sino también por que el asesino estaba absuelto. Cada noche soñaba con eso, era algo que no me podía sacar. Por eso hice justicia yo mismo. Como le dije no me interesa matar a Gómez, ¿de que me serviría?
Usted es muy inteligente, estoy seguro de que sabe que le voy decir, pero por si acaso se lo voy a confesar. No quiero que piense que soy una mala persona, pero lo que yo pienso, es que lo que hice, fue lo mejor para todos. No se lo debe decir a nadie, y por favor, deje de contactarse con migo, se lo pido amablemente, ya no va a servir de nada.
Lo que le debo confesar es que…yo mismo encarcelé a Gómez, hice justicia por parte mía, deje de preocuparse por Gómez, ya es una tema pasado, haga de cuenta que esto nunca pasó así todos podemos llevar una mejor vida. A Romano no le importara sobre este echo, Gómez no era más que empleado de él, ni le va a preocupar su desaparición. Le pido por favor que se deshaga de esta carta, no le servirá más.
Atentamente Morales.

1 comentario: