miércoles, 31 de agosto de 2011

UNA TRISTE HISTORIA ARGENTINA. Gabi


Aquella tarde de lunes, era como todos los lunes  y todos los días: aburridos, grises y deprimentes. Estábamos todos en el juzgado mirando el piso, es ahí cuando suena el teléfono y las miradas se encontraron preguntándose quién sería el que lo contestara, sin más remedio decidí contestar.
Liliana Emma Colotto era definitivamente linda, todavía no podía entender la causa de su asesinato, el cual se me había informado aquel deprimente lunes. El día en que visité (junto con un grupo de policías), para investigar el caso de Liliana, a aquella casa vieja convertida en varios departamentos de los que se ingresaba por un pasillo amplio que daba a una sala, pude ver una foto de una persona que marcó hechos importantes en mi vida: Agustín Morales.
Una de las cosas más doloras que pasé en mi vida fue ver la cara de Morales al notificarle (en la oficina en la que trabajaba de contador público), la muerte de su hermosa esposa, sentí que su vida se derrumbaba frente a mí. Creo que fue el amor que le tenía a su esposa el que me impulsó a ayudarlo lo más posible a este pobre tipo.
Habían pasado más de dos semanas de la muerte de  Liliana Emma Colotto. Me hallaba en un sucio y oscuro bar, esperando que callera en mi cabeza algún motivo para entender quién podría haber sido el responsable de la infelicidad de Morales.
 Ya descartada la hipótesis de que eran los jóvenes universitarios, que la mañana del crimen se encontraban durmiendo alcoholizados en la casa abandonada de al lado, ya no sabía que pensar. Yo siempre supe que no habían sido ellos ya que luego de varios testigos que hablaron se determino que el asesino fue un solo hombre (de baja estatura y morocho) que no vivía en el barrio.
Los jóvenes acusados recibieron muchos golpes por eso decidí tomar medidas por apremios ilegales, que había realizado Romano, un compañero mío del juzgado de instrucción n°41. Me preocupaba que dejaran de lado el caso de Liliana, debido a que cada día aparecían muchos más, el tiempo que quedaba era poco, así que decidí ponerme en marcha.
Quedé con Morales en encontrarnos en su casa para que pudiera aportarme algún dato sobre el crimen. La segunda vez que vi a este hombre alto, rubio de tez blanca me pareció verlo con una expresión de vacío. Decidí preguntarle si sospechaba de alguien, si tenía algún enemigo o algún indicio, pero sus respuestas cargadas de sinceridad decían que no o que no sabía. Luego de contarme sobre cómo se conoció con Liliana, historia que me pareció muy aburrida, reconocí una imagen sobre un escritorio que me llamo la atención, en ella se veía  un grupo de amigos en el cual se encontraba un chico bajo, de pelo oscuro, ojos oscuros y un particular lunar debajo del ojo, que no miraba a la cámara si no a  Liliana la cual se veía tan hermosa como siempre, le pedí que me mostrara más fotos de su esposa junto a ese hombre. Pude observar que este hombre sólo miraba a Liliana. Decidí preguntarle al viudo quién era el hombre de la imagen y rápidamente me dijo:  
    -Un amigo de Liliana no recuerdo el nombre, solo sé que su apellido era Gómez.
 Le pedí a Morales si podía obtener algún dato de ese hombre que por favor se contactara.
Ya era muy tarde, el tren me esperaba. Me despedí de Morales, y partí pensando en aquel misterioso hombre que por ver a la mujer que amaba con otro, hizo lo que hizo.
A los pocos minutos de irme de la casa de Morales, recibí un llamado de él con información reciente.
Fue un dato muy importante el que consiguió Morales, Gómez estaba en Buenos Aires. Le comenté a uno de mis pocos hombres de confianza, que era compañero mío de trabajo, Sandoval, la información que había obtenido, creo que a él  no le pareció información muy relevante, pero igual se comprometió a ayudarme para poder convencer al estúpido juez Fortuna de culpar a Gómez como un acusado.  
Sandoval consiguió convencer al juez Fortuna de que detuvieran a Gómez, pero ahora habría que saber donde se encontraba.
Pasó un año en el que no volví a ver a Morales. Hasta que recibí su llamado, diciéndome  que fuera urgente a su casa. Pude ver en su rostro el terror que tenía, le pregunte qué pasaba, y me dijo que estos últimos días al llegar del trabajo, hay un hombre parado en la esquina mirando hacia su casa, pero que esta noche no lo había visto. Inmediatamente pensé que era Morales, pero, ¿Qué querría ahora? ¿Querría matar a Morales? ¿Estaba buscando venganza por haberse casado con la mujer de su vida? Morales tenía razones para tener miedo.
Decidí por esa noche quedarme hasta más tarde acompañando a Morales en su casa, mientras tanto hablábamos sobre donde estaría este hombre decidí en ese instante decirle a Sandoval que viniera con nosotros, él era muy inteligente, seguro nos sería de mucha ayuda. De repente se escucharon fuertes ruidos en la parte delantera de la vieja casa de Morales. Es él pensé. Estaba en lo cierto. Pude ver por el amplio pasillo la cara del hombre sin que él me viera, rápidamente le dije a morales que apagara todas las luces y se escondiera, que del resto nos encargaríamos nosotros. Pasó un minuto, que para nosotros fue una eternidad, y escuchamos un fuerte ruido del forcejeo que ejercía Gómez a la puerta principal, hasta que por fin la abrió. Sus pasos eran firmes y decididos por el comedor, nosotros estábamos detrás de una biblioteca, no podíamos esperar más, había que actuar.
Sandoval saltó repentinamente sobre Gómez dándole un fuerte golpe en la espalda. Luego Gómez le pega fuertemente en la cara a Sandoval dejándolo en el piso, cuando vi que el asesino se abalanzaba sobre Sandoval decidí agarrarlo por detrás para evitar que lo golpeara de nuevo, pero él se adelanto a mi movimiento y me pego una patada en la nariz, en modo de defensa, le volví a pegar en el estómago y Sandoval, aun mareado por el fuerte golpe que había recibido, lo agarró fuertemente de la remera y le dijo: -Caíste, Isidoro Antonio Gómez.
Isidoro se mando al frente, gracias a la ayuda de Báez, un hombre muy honesto, dijo que una mujer hermosa como Liliana nunca se acordaría de un vecino de hace tanto tiempo de Tucumán, que este enano no sería capaz de matarla, también dijo que deberíamos buscar a alguien pintón, alto capaz de dejar huella en una mujer tan hermosa, es así que Gómez agresivamente dijo que Liliana se acordaba perfectamente de él, y que él la había matado.
Le aseguré a Morales, que la condena de Isidoro sería cadena perpetua, pero algo ocurrió.
Isidoro Gómez pasó un mes preso en Devoto, hasta que una fuerte pelea con unos de sus compañeros de celda que hizo que lo enviaran a un Penal.
Definitivamente, no lo podía creer. No sabía cómo iba a hacer para decirle a Morales que habían liberado a Gómez, pobre tipo. Sandoval me había comentado que lo habían liberado por ser un preso político, y el responsable de esto era Romano.
Los ojos de Morales, me miraron con ese vacío de la primera vez que lo vi, sentía que nada podía hacerle daño ya. Estaba tan sorprendido como yo cuando le conté la novedad. Tanto tiempo esperando para encontrarlo, y estuvo tan poco preso. Morales no quería matarlo, ¿Qué sentido tendría? ¿Cuánto dolor sentiría un hombre que le peguen un tiro en el pecho? No mucho.
Aquel chico rubio que me acompañaba término su cigarrillo, me agradeció por todo lo que hice en estos años por él, y me dijo que volvería a tener novedades de su persona.
El 28 de Julio de 1976 recibí un llamado de Sandoval invitándome al bar a los que solíamos ir las mayorías de las noches, allí mi amigo me contó que lo llamó hoy por la tarde su tía Dolores, diciéndole que ayer se lo llevaron a su primo José. Dolores cree que fueron civiles, pero no estaba segura,
- Me pregunto si sabía algo y le dije que no. Siento que la engañe- Dijo Sandoval con la vos entrecortada.
-Hiciste bien Pablo, ¿Qué podías hacer?-me atreví.
Con Sandoval solíamos hablar sobre el tema de la represión y la violencia política. Siempre nos llegaba el dato de que detenían a personas, sin embargo estos detenidos jamás subían a declarar a los juzgados ni a alcaldías.
Me despedí de Sandoval, ya era muy tarde.
Camino a la estación me tope con dos hombres muy altos que no paraban de decirme: “¿Dónde está Chaparrito eh? ¿Dónde lo tenés guardado, eh? No tenía ni idea de lo que me decían, en un momento, uno de los hombres entre risas burlonas me dijo: -Decime donde está Gómez, que la próxima sos boleta. Pasaron unos minutos en los que recibí varios golpes, y después me soltaron advirtiéndome de que si no hablaba me iba a ir mal.
Gómez había desaparecido. Se había esfumado.
Al día siguiente recibí una carta de Morales diciendo que sabía dónde estaba Gómez, y que haría pagar a este hombre todo lo que hizo, que no debía preocuparme. También me dijo que compró una propiedad en las afueras de Buenos Aires y quizás no lo pueda contactar, pero que  volvería a comunicarse algún día. Me agradeció por todo lo que hice en este tiempo, y que me cuidara mucho.
Le comente a Báez el incidente que había tenido ayer por la noche, e inmediatamente me hizo un contacto para que pudiese alojarme en la casa de un primo de él en Jujuy. A pesar de que no me gustaba la idea de irme a Jujuy, no me quedo otra opción.
Paso un año desde que me fui a vivir a Jujuy y no recibí ninguna noticia de Morales, pero estoy seguro de que está haciendo pagar a Isidoro todo lo que hizo. 

2 comentarios:

  1. puntuación: 1, no me atrapó como cuento policial, muy lineal a la trama de la novela e incluso de la película, hay problemas con los tiempos verbales.

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  2. Concuerdo con los problemas de tiempos verbales, pero aun así el cuento me pareció extraordinario! FELICITACIONES ! nota : 2

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