domingo, 7 de agosto de 2011

Un robo extraño. Rocío S.

Un robo extraño
Me desperté antes de que suene el despertador ese día. Como si algo en mi lo presintiera. Un instinto me dijo que algo marchaba mal y para colmo llovía. Llovía a cantaros y como solía pasar en Jacobasi, se cortó la luz. Carajo ¿por qué siempre se tenía que cortar la luz cuando era de noche? Nunca lo pude entender. Todas estas conclusiones estaba sacando cuando sonó el teléfono. Salté de la cama pero decidí no correr por miedo a tropezarme. Aun que luego corrí sin pensar en ningún peligro, sin desayunar, sin siquiera ver si las medias combinaban con la corbata, algo raro en mi.

En el camino saqué tantas conclusiones que ninguna era ni parecida a lo que había pasado realmente. Imagine ver el cuerpo del difunto lleno de sangre, sin la cabeza, terriblemente acuchillado. Pero creo que era por la cantidad de películas que había visto ese último mes. Nada de eso había pasado. El muerto ya estaba tapado con un gran nylon negro, como esos que uso para sacar la basura, apenas unas manchas de sangre, la puerta de la zapatería forzada y las vidrieras absolutamente rotas. Lo peor fue cuando entre. Miles y miles de cajas abiertas. Abiertas y vacías. Bah, no eran miles y miles, sino seiscientas. En el momento no podía entender porque había sido. Mi zapatería  era la única del pueblo, bueno no la única. Hacían tres meses había abierto otra pero por lo que se rumoreaba estaba prácticamente fundida. Entonces ¿quién podría haber querido destruir la única zapatería? Pensé en doña Gladys, la gorda de enfrente. Nos había mandado una carta quejándose de la mala atención. ¡Caradura! mis empleadas eran las mas simpáticas del mundo.

"Buen día señor me va a tener que acompañar a la comisaría para declarar" me dijo el oficial. Una vez allí mencione lo de esta señora y también les conté que hacia exactamente trece días había contratado un guardia. Roberto, pobre, un hombre tan humilde y bondadoso, no se merecía ese final, no se merecía ese maldito trabajo ni la forma en lo que lo mataron, ni mucho menos no poder ver crecer a sus pequeños mellizos que habían nacido hacia tan solo seis meses. Esto me hizo abrir los ojos y ese día fui a almorzar con mi hija. Después de pasar varias horas juntos me acompaño hasta la zapatería, quería ver como iba la reparación del local.

Cuando llegue me encontré con la segunda gran noticia del día, aun que esta no estaba seguro de que fuese mala. Si efectivamente no era mala pero increíblemente sorprendente. Trecientas zapatillas de las que habían robado a la noche estaban tiradas en el patio. Lamentablemente no eran las seiscientas pero esto podía ser una pista, aun que tal vez los ladrones no tenían mucha fuerza para llevar todas, pero preferí pensar en la primer opción, era una pista.

La policía no dio demasiada importancia a las cosas que yo descubría, por lo que los días pasaban y no había nuevas novedades. Hubo algo que me hizo pensar que el robo no había sido para darle utilidad a las zapatillas sino para hacerme daño. Cada una de las que se habían robado pertenecía al pie izquierdo. Al mes, mes y medio cuando la causa ya había sido olvidada por casi todos, una carta llego al local. Pensé en correr a la comisaría cuando la leí, pero sabía que fingirían preocuparse y cuando yo me fuese se reirían de mi, por lo que decidí actuar solo. La carta no tenía emisor lógicamente y en pocas palabras pedía una recompensa por las zapatillas robadas. Pero el dinero que me pedían era ilógico, era bastante más que lo que iba a ganar vendiéndolas. Además las modas pasaban muy rápido  y no tenia la seguridad de poder venderlas. Así que decidí no actuar más frente a aquella absurda situación.

Toda la investigación me llevó como dos años y recién ahí, gracias a muchas pistas que prefiero reservarme, descubrí quien fue el ladrón, en realidad quien mando al ladrón, porque quienes realizaron el robo eran asesinos a sueldo. Marcelo, un supuesto colega, había sido el culpable. Siempre hubo cierta rivalidad entre nosotros. El era el dueño de la otra zapatería del pueblo y éramos considerados competencia. Yo creo que ese fue el motivo para intentar destruirme, pero eso no me preocupo tanto sino que las maravillosa justicia le halla dado apenas dos años de cárcel, como si nunca hubiera destruido una vida, como su lo único que hubiera destruido era el local de Córdoba y Belgrano.

3 comentarios:

  1. Entretenido.............1

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  2. Me gustó mucho...Tiene muchos detalles que lo hacen interesante y logra mantener la atención a lo largo de todo el relato. Se han utilizado muy buenos recursos lingüísticos----MUY BUENO 2 (dos)

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  3. Euge.

    El relato es ameno.Crea suspenso y desarrolla bien la trama. Se debería cuidar un poco más la ortogrofía y utilizar el guión de diálogo en vez de comillas(anglicismo). MUY BUENO 2 (dos)

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