miércoles, 31 de agosto de 2011

Los cuerpos hablan, Manuel.


Me encontraba en Tigre, un Sábado frío en Junio de 1980. Me dirigía hacia un bar donde pensaba emborracharme para ahogar mis penas cuando, recibí un llamado de un tal Morales. Ah, por cierto mi nombre es Benjamín Chaparro y me encargo de resolver crímenes de cualquier tipo; vivo en Capital Federal y en lo posible realizo mi trabajo por la zona.
El motivo del llamado era que había sucedido un asesinato en Capital, finalizada la llamada emprendí viaje hacia el lugar del hecho. El tráfico era pesado y largo, esto me dio tiempo para pensar en cosas personales; una de ellas era mi ex-esposa Irene, la muy maldita se casó conmigo para ganar el juicio en el divorcio y, obviamente, llevarse toda la guita. Lo único que me dejo fue el auto. De repente mi pensamiento fue interrumpido por un choque entre una moto y una camioneta; los conductores comenzaron a pelear en medio de la avenida pero la policía los redujo rápidamente y se los llevo, vaya uno a saber a dónde y si volvieron…
Llegué en 40 minutos a destino. Entré a la escena del crimen, era un departamento pequeño, tenía living, cocina, un baño y un cuarto. El asesinato se produjo en el living a las 8 a.m. Una hora después de que el esposo saliera a trabajar, el lugar del crimen se encontraba hecho un quilombo, había sangre en puertas, ventanas y techo; también estaba tirada la mesa, una escalera, cubiertos, platos y muchísimas cosas más. Alrededor del cadáver se encontraban 4 o 5 policías, logré observar que uno de ellos le pisaba el dedo meñique de la mano izquierda (por torpeza, obviamente), apenas vi eso dije: Ese debe ser  Baez. Y efectivamente, era él. Me acerqué y pregunté quién se encontraba a cargo, ¿quién podría ser? El Boludo de Baez. Le pregunté:
-          ¿Revisaron el lugar?
-          Sí capo, lo revisamos de arriba abajo.
-          ¿No tocaron el cuerpo no?
-          No, me dijeron que se lo dejásemos a usted, –sabía que estaba mintiendo porque vi pisar el dedo de la víctima, pero bueno la dejé pasar- ¿está bien?
-          Sí todo impecable, si se corren así puedo revisar el cuerpo estaría bárbaro
Se corrieron con movimientos lentos y largos como para no molestarme.                      Comencé a revisar el cadáver de Liliana Colotto, vi que era una morocha con ojos marrones pardos de aproximadamente 1,70 m. También note que tenía un cuerpo de película, era simplemente, hermosa y tenía una particularidad; había muerto mirando para arriba y eso me llamó la atención.
En un rincón del cuarto se encontraba el esposo, el del llamado, Morales. Era un hombre relativamente pequeño, pelo color castaño claro y nariz aguileña. Entre sollozos me dijo:
-          Por favor, encontrá al asesino así paga por lo que hizo, solo quiero justicia.
-          Quedate tranquilo, voy a hacer todo lo posible por encontrarlo.

En el momento saqué fotos del lugar para analizar bien los movimientos que podría haber realizado el asesino. Esa noche (al igual que las semanas siguientes) observé las fotos durante horas, pero no pude conseguir ninguna respuesta. Un día miércoles recibí un llamado de Romano, el Oficial de la Policía Federal que me dijo:
-          El asesino fue Pablo Sandoval, ¿viste ese al que le tenés mucha confianza? Bueno ese el viernes chupo toda la noche, el sábado a la mañana no sabía lo que hacía y la cocinó; te recomendaría que lo investigues.
-          Dudo mucho que se trate de él, pero nunca se descarta ningún sospechoso.
Me dirigí hacia los bares que Pablo frecuentaba, pasé por tres y todos estaban cerrados, el cuarto también estaba cerrado pero Sandoval se encontraba afuera esperando a que abra. Me bajé del auto y le dije empujándolo contra la pared:
-          Me dijeron que vos fuiste el que asesinó a Liliana Colotto, ¿puede ser?
-          Benjamín, vos me conoces lo suficiente como para saber que nunca haría eso. Sabes bien que casi siempre me agarro pedos melancólicos, muy pocas veces violentos y cuando así son me agarro con hombres de mi tamaño, no con alguien que no puede defenderse.
-          Ah… ¿Y tenés alguna información que puedas darme?
-          Mira, según los testimonios de los vecinos se escuchaban gritos que decían: “¡Isidoro!”.
-          ¡Uh! Buenísimo me viene de 10 – mientras me alejaba hacia un teléfono público - ¡Gracias Pablito!
Llegué al teléfono y llamé a Morales, rápidamente le dije:
-          Necesito que me busques a todos los Isidoros que pueda haber conocido.
-          Llamo al padre de Lili y te aviso, en 30 te tengo la data.
Mientras esperaba el llamado de Morales, seguí observando las fotos. No sé qué, pero algo había en esas imágenes que tenía que descifrar. Al rato recibí la llamada esperada.
-          Según el padre el único Isidoro que conocía es Isidoro Gómez, un amigo de la infancia de Liliana. Por lo que me contó, Isidoro siempre anduvo atrás de Lili pero ella lo rechazó cuando confesó su amor.
-          Ajá, entonces no se descarta el crimen pasional.-supuse- Pero todavía tengo dudas sobre Romano.
Fui hacia la comisaría en la que se encontraba Romano, esperé dos horas para que nos quedemos a solas; cuando lo hicimos tuvimos una breve charla.
-          ¿Por qué mentiste sobre Sandoval? -pregunté casi empujándolo-
-          Pensé que eras más estúpido, pero bueno. Ya no tengo razón para vivir, mi familia me abandonó, mis padres murieron, amigos no tengo y me descubren la complicidad con el asesinato-se acerca el arma a la sien- ¡Fallé Isidoro, Perdón!-al instante gatilló el arma-.
Corrí hasta un teléfono público y avisé a Morales lo sucedido, después de eso fui a la escena del crimen y escuché detenidamente en silencio, los ruidos venían de arriba. Golpeé el techo hasta romperlo, de ahí salió Isidoro Gómez; tuvimos una pelea en la que él me tiró al piso pero cuando quiso salir corriendo en la puerta lo esperaba Morales que le embocó tal trompada que quedó tumbado en el piso. Luego de esa acción casi heroica le dije:
-          ¿Y ahora, que pensás hacer con él?
-          Yo me encargo, ¿vos no sabes nada de esto no?
-          No, quedate tranquilo.
Al otro día me pidieron declaraciones de todos lados, de si había encontrado al asesino, que había hecho. Pero yo con mi firme postura “no sabía nada”. Al final entendí por qué el cadáver miraba hacia arriba y comprobé que realmente los cuerpos hablan.

2 comentarios:

  1. Buen relato.Falta imformación que clarifique la relación entre algunos personajes- Habría que revisar signos de puntuación, uso de mayúsculas y sangría. Para una mejor presentación sería bueno que lo alineación de los párrafos esté justificada.
    Bueno-----1

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  2. cuento policial interesante , algo confuso anteultima parte , calificacion BUENO 1

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