domingo, 7 de agosto de 2011

El Pie Derecho, Verena K.

“El pie derecho”

Todos quedaron boquiabiertos. No podían creerlo que estaban viendo. ¿Él? ¿Podía ser cierto? Bueno, siempre se había dicho que los más tímidos eran los peores. In mediatamente García agarró el teléfono, marcó un número rápidamente y escuchó el tono de espera impaciente
-¿Diga?-se escuchó una voz grave al otro lado de la línea.
-Señor Rigobertini, tenemos al criminal-se apresuró a decir García, como si con eso se sacara un gran peso de encima. Hacía tres días que lo estaban buscando y nunca se les había ocurrido mirar los videos de seguridad. ¿Tan estúpidos eran?
-Decime ya quién es-tomando un tono de voz que intentaba sonar amenazado y seguro a la vez.
García tragó saliva-Su nombre es Pablo Pérez, señor. Trabaja en su empresa. ¿Lo vamos a buscar allá?
-No, no. ¿Ustedes están en la comisaría? Voy para allá.
Apenas llegué, Rigobertini pidió ver el video. Efectivamente, era Pablo Pérez.
-Como ve señor, fue Pérez.-dijo García satisfecho.
Rigobertini asintió.- ¿Cómo consiguieron este video?
-Lo traje yo, señor-contestó orgulloso Juárez-Estaba mirando los videos para ver quiénes habían ido a la empresa el día del robo.
-Seiscientas zapatillas del pie izquierdo-comentó ausente uno de los asistentes. Estaban lo tres detrás de su jefe, apretujados en la pequeña y oscura oficina, dándose aires de importantes.-Es claro que está medio chiflado ¿no? ¿Por qué iba a robar sólo zapatillas del pie izquierdo?
-Eso-replicó García-lo vamos a averiguar ahora.
Los cinco hombres salieron apresurados de la comisaría. Se subieron a sus autos y partieron a la empresa. Cuando llegaron, Rigobertini pasó por las puertas de la entrada con cara de superior. El guardia, el jefe y los asistentes entraron unos pasos detrás.
-Juárez-dijo Rigobertini dándose vuelta- ¿en qué sector trabaja este Pérez?
-En empaque, señor-respondió nervioso el guarida de seguridad.
Rigobertini encaminó la marcha hacia el galpón con el jefe de policía pisándole los talones.
-¡Que se muestre Pablo Pérez-gritó furioso Rigoebertini, apenas abiertas las puertas!
Un murmullo de asombro recorrió las filas de los trabajadores. La luz en el galpón era muy tenue. Las únicas ventanas del espacio estaban ubicadas muy alto para iluminar el gran galpón.
-Ese soy yo-se escuchó una voz alegre del fondo del lugar.
García se adelantó y pasó rápidamente por entre los silenciosos empleados. Llegó casi hasta el fondo y allí estaba: parado, relajado con las manos en los bolsillos, sonriendo como si no hubiera cometido un crimen de 70000 nuevos soles. El jefe de policía se saco sus anteojos oscuros y lo miro fijamente.
-¿Usted es Pérez?-el aludido asintió.-Está arrestado por robo. Seiscientas zapatillas del pie izquierdo, como sabrá.-sacando las esposas.
A Pérez se le borró la sonrisa, pero no trató de escaparse, dejó que García le pusiera las esposas.
-Esto es muy injusto-se quejó por lo bajo.
García rió burlón. -¿Qué es injusto? ¿Que lo arreste? Ahora dígame ¿dónde escondió las zapatillas?
Pérez alzó los ojos hasta los del oficial.-En mi casa. Y sí, lo injusto es que me arreste. Solamente estaba tratando de hacer algo bueno por la ciudad.
García quedó estupefacto-¿Qué dijo? ¿Algo bueno por la ciudad?-Juárez y los asistentes se acercaron dirigidos por Rigobertini.- ¿Ahora es bueno dejar a la gente con un pie al aire?-preguntó sarcástico.
Pérez negaba con la cabeza.-No, no. No es eso. ¿Me van a dejar que les explique por qué robér las zapatillas?
Todos estaban en silencio. Pérez tomó eso como una afirmación.
-Robé las zapatillas-comenzó tranquilamente-porque hace unos días leí en el diario n titular que me llamó la atención. “Parece que todos se levantaron con el pie izquierdo hoy”, decía, y explicaba diez problemas que habían ocurrido sólo en un día-siguió hablando pensativo.-Entonces me puse a pensar qué podía hacer para que esto no volviera a suceder. Y se me ocurrió una idea. Como casi todos los habitantes de esta ciudad compran zapatillas de esta empresa, pensé que si no tenían la zapatilla del pie izquierdo, deberían levantarse con el pie derecho. En realidad no entendí muy bien qué tenían que ver los problemas que habían sucedido con levantarse con el pie izquierdo, pero me dije: Pérez, el diario no miente, hay que levantarse con el pie derecho.

2 comentarios:

  1. 3. Muy bueno, me encantó la descripción de los detalles, los gestos y los diálogos...

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  2. Relato original y desenlace sorprendente, con detalles y acotaciones que lo enriquecen. Expresión y ortografía impecables!!!
    Excelente-----3

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