miércoles, 4 de julio de 2012


ROCÍO
La Última Decisión

Era jueves. Jueves a la noche. Un jueves de septiembre de 2001. Todavía seguíamos espantados por la caída de las Torres Gemelas.

Estaba sola en casa. Mi esposo Ronie esa noche, cenaba en la casa del Tano Scaglia, como todos los jueves.
 Aunque ese jueves fuera distinto. Mi hijo Juani había salido, pero no le había preguntado con quién ni adonde, porque a él no le gustaba que le preguntara, pero igual yo sabía que había salido con Romina.

 Abrí la heladera, buscando algo que comer, y junte en un plato algunas sobras del día anterior, las calenté en el microondas y las llevé a la mesa. Me senté frente a la ventana, porque me gustaba comer mirando el jardín cuando estaba sola. Casi no ensucié platos. Ya hacía unos años había aceptado que no podíamos pagar más personal domésticos, y sólo venía una mujer dos veces por semana a hacer el trabajo grueso.

Pensé en salir a caminar, pero me detenía el temor de cruzarme con Juani y que él creyera que lo estaba siguiendo. Hacía calor, era una noche estrellada y luminosa. No tenía ganas de acostarme porque iba a empezar a dar vueltas en la cama, sin sueño, pensando en alguna operación inmobiliaria que no terminaba de poder concretar. Fui a mi cuarto a buscar un cigarrillo, iba a salir a pesar de Juani, y me gustaba caminar fumando. En mi mesa de luz tenía un atado nuevo, lo abrí, saqué un cigarrillo, lo prendí y bajé la escalera dispuesta a salir. Pero en ese momento entró Ronie, y mis planes habían cambiado. Ronie fue directo al bar, y subió con un vaso y la botella de whisky, directo a la terraza a instalarse en una reposera, dispuesto a beber. Yo esperé un momento parada ahí y luego lo seguí, me senté junto a él, y callada, esperé mirando en la misma dirección, la casa de los Scaglia.

Quería que me contara algo. Nada importante, ni divertido, solo que me contara algo para poder hablar con él. Pero desde que Ronie se quedo sin trabajo seis años atrás, pasábamos mucho tiempo juntos, y no habría conversación alguna si no nos distanciábamos una buena parte del día. El silencio en ese momento nos invadía. Yo me había ido a buscar un vaso, y él me gritó que trajera hielo.

Cuando cargaba la hielera, pensaba en distintas alternativas sobre el regreso temprano de Ronie. Me incliné por la alternativa de que había discutido con el Tano Scaglia, o con Martín Urovich, o con Gustavo Masotta. Cuando volví a la terraza se lo pregunté directamente y me había respondido que no. Se levantó, acomodó la reposera mas cerca de la baranda, dándome la espalda. Me paré y me apoyé detrás de él. Lo observaba desde atrás, se movía cada tanto sin encontrar la posición adecuada, tenía miedo. Y seguía viendo la casa de los Scaglia.

En ese momento, se encendieron las luces en la pileta de los Scaglia y sonaba un jazz contemporáneo y triste. Ronie se puso tenso, se llevó los puños cerrados a la boca y apretó los dientes. Supe que me ocultaba algo. Ronie se paró y se apoyó en la baranda para ver mejor y no me dejaba ver, pero se había escuchado un chapuzón y me imaginaba que alguien se había zambullido en la pileta de los Scaglia. Yo me había parado para ir a lavar el vaso, y cuando bajaba la escalera, el jazz se detuvo. Lavando el vaso, se escuchaban los pasos apurados de Ronie y luego se escucho un ruido y un golpe seco contra la madera. Fui corriendo para ver que ocurrió y Ronie estaba tirado en el suelo con un hueso de la pierna saliendo de la carne. Rápidamente le escribí una nota a Juani diciendo que volveríamos tarde y lleve a mi marido al hospital.
Cuando salíamos vimos a Teresa Scaglia y Ronie se apretaba la cabeza y empezó a llorar. Intenté calmarlo con palabras, pero no fue posible. Cuando llegué al sanatorio ya no se escuchaba el llanto de mi marido y cuando nos atendió el medico le pregunto porque lloraba y él le respondió que tenía miedo.

Teresa entró por la puerta que da al estacionamiento. Dice que le llamó la atención no escuchar las risas típicas de su marido y sus amigos. Y se alegró de no tener que saludarlos porque estaba muy cansada. Subió la escalera con el temor de que después de mucho vino, los hombres hubieran terminado durmiendo en el sillón mientras fingían ver una película, pero no estaban allí. Fue para afuera y vio unas copas que el Tano siempre reservaba para una ocasión especial. Mientras recogía las copas, Teresa apenas vio el agua inmóvil. Y se alejó hacia la casa.

Al día siguiente fueron encontrados los cuerpos de su marido y sus amigos hundidos en el fondo de la pileta. Y fue ese mismo día en Juani me decía que tenía algo que mostrarme, así que me llevo hacia su cuarto, en donde estaba Romina, y me mostraron un video donde muestra que el Tano, Gustavo y Martín estaban dentro de la pileta, y el Tano mete al agua el alargue del equipo de música. Luego de haberme mostrado eso fui con Ronie para decirle y él me había que ya sabía sobre eso, porque cuando estaban reunidos en la casa de los Scaglia el Tano había planeado suicidarse con Gustavo y Martín y que por eso él se había vuelto temprano.

Así que fuimos con las esposas de los maridos fallecidos y les contamos sobre lo que había sucedido. Luego yo fui con la policía para mostrarles el video que Juani grabó esa noche.

2 comentarios:

  1. Sinceramente este relato no me gustó, no quiero ser impertinente, pero me pareció muy sacado del libro y me parece que no cumplió con la consigna dada. Me costó elegir un párrafo para modificar, ya que yo reharía el relato nuevamente cumpliendo la consigna, pero elegí el párrafo número cinco: "Quería conversar con él, hacía años no hablabamos como en aquellos tiempos, donde todo estaba bien, donde Ronie tenía un trabajo que nos mantenía unidos y un trabajo que daba de qué hablar. El silencio era ya parte de la familia, un huésped temporario, uno que llegó con intenciones de no irse. No quería que nos distanciaramos, quería que todo volviera a la normalidad, que seamos mario y mujer como lo fuimos desde que dimos el “si”. Con las ganas de hablar, de saber algo de su día, de que me explicara su extraño comportamiento me dirigí hacía la cocina y fue allí cuando él me pidió que le llevara hielo, fue allí donde el silencio se rompió y me hizo sentir mejor."

    Paula Pereira 3ero 1era

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    1. Muy buena la reescritura del párrafo; sólo que donde dice "mario y mujer" creo que debería decir "marido y mujer"

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