miércoles, 4 de julio de 2012


Julia Giménez
Un jueves muy inesperado
La Cascada parecía ser un  barrio muy tranquilo, todo parecía ser perfecto. Casas grandes, con sus respectivas mucamas, alfombras y cortinas importadas de Europa, hermoso jardines decorados con las más hermosas y exóticas flores del país,  las familias no tenían problemas económicos, o eso aparentaban. Hasta que un día algo inoportuno sucedió.
Era jueves por la noche, la más oscura y triste de todas las que habría vivido, yo me escapé de mi casa, no soportaba las locuras de mi madre. Lo único bueno que tengo en esta vida es a mi amigo Juani y lo mejor que sabíamos hacer los dos juntos nadie lo entendía.
En camino a lo de Juani, pasé por la casa de la familia Scaglia, una casa grande. No le di importancia y seguí mi camino. Pero en eso escucho la voz de un hombre gritando muy enfurecido  y volví para atrás. A través de las cortinas podía ver las sombras de un hombre gritándole a otro.
Sin poder contener mi curiosidad, me escondí detrás de un árbol que se encontraba más cerca de la ventana para poder escuchar la conversación. Escuchando atentamente pude reconocer que las voces de las personas que se encontraban en ese cuarto eran todas de hombres, específicamente las del Tano, Roni, Gustavo Masotta y Martin Urovich. Hablaban de la muerte, de una muerte digna y al parecer Roni se enojó con el Tano porque este se quería suicidar para que su familia cobrara un seguro de quinientos mil dólares y estaba alentando a sus amigos a hacer lo mismo que el con la escusa de que la familia de Martin también cobraría un seguro, menor pero ganarían plata y le dijo a Gustavo que ya todos sabían que el le pegaba a su esposa, por lo que se sintió muy mal. Roni no pudo soportar la conversación que estaba escuchando y agarró a sus amigos de las manos y los llevó hasta el patio de la casa.
Yo seguí las sombras en las ventanas hasta que en un momento no pude ver más y me trepe a un árbol para poder seguir viendo lo que sucedía. Desde ahí arriba podía ver todos  los patios de todas las casas de La Cascada. Pero me concentre en el que más me interesaba que era el del Tano. Se veía una enorme pileta y en el fondo de esta se podía ver un objeto negro largo, no muy ancho, que la atravesaba por todo su largo y terminaba en un equipo de música, para mí era un cable.
En eso escucho que Roni le grita a los demás que si una muerte digna era lo que ellos querían él se las iba a dar. Se acerco a sus amigos y le pego una piña a cada uno, lo que hizo que cayeran en la pileta que se encontraba detrás de ellos. Roni pensó que no pasaría nada, solo caerían a la pileta y saldrían de ella asustados y con un golpe en la cara, pero no fue así los cuerpos se hundieron y después de un rato salieron a flote. Creyó  que se estaban haciendo los muertos y empezó a gritarles para que salgan de la pileta, pero ningún cuerpo se movió. Se dio cuenta que en el fondo de la pileta había un cable que estaba enchufado a un equipo de música y empezó a gritar: “¡NO! NO! “muy desesperadamente. Lo único que él quería era asustarlos para que dejaran de hablar de cómo querían morir, pero esto salió muy mal. Termino con la vida de sus amigos.
Muy asustada por lo que acababa de presenciar me bajé casi llorando del árbol y salí corriendo hacia la casa de Juani, el camino se me hizo interminable, nunca me había cansado tanto de correr. Mientras corría me pasaron por la cabeza un montón  de cosas,  los momentos vividos con Juani, las peleas con mis padres y que sin querer había  sido testigo de cómo una persona tan incapaz de hacer daño a alguien mató a quienes hacía llamar sus amigos. Llegué, toqué el timbre desesperadamente. Me atendió Virginia, lo único que hice fue abrazarla fuertemente  y ella, asustada y sorprendida a la vez, me digo:¿QUE PASO?

1 comentario:

  1. El cuento es muy bueno, me gustó mucho, pero evidencié un par de errores de ortografía, ausencia de comas y me encontré en una pequeña confusión en la mitad del relato.

    Mi nota es un Bien +

    Intervención: Párrafo 3

    "Camino a lo de Juani, pasé por la casa de la familia Scaglia, una casa grande. Pasando por alto el por qué había pasado por allí seguí caminando, pero algo me decía que debía frenar, así que, lo hice. De un momento a otro escucho la voz de un hombre gritando, parecía muy enfurecido, como si algo con un peso muy importante le hubiese ocurrido, decidí intentar escuchar que estaban diciendo, pero no lo logré, entonces no tuve otra opción más que asomarme a las ventanas a mirar, ahí vislumbré las sombras de un hombre gritándole a otro."

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