miércoles, 4 de julio de 2012


Sofía Kroeck

Más vale la justicia que el amor

Recuerdo esa noche como una de las peores en mi vida. Mi padre estaba por llegar de la casa de los Scaglia sin tener la menor idea de que yo sabía todo. Mi madre no notó ninguna diferencia ya que Ronie no le contó sobre la muerte de sus amigos, prefirió evadir el tema. El miedo me  invadía por completo y no lo reconocía a Ronie como mi padre.
Semanas antes, la familia Massota había organizado una pequeña fiesta, las cuatro familias estábamos invitadas, aunque Ramona y yo por costumbre nos fuimos a caminar por el country, sin formar parte del festín. Nos encantaba espiar a las diferentes familias y poder tratar de descubrir que hacían en sus vidas. Luego de haber paseado por un par de horas nos atrajeron los gritos que provenían de la casa de los Massota. Mis padres habían discutido con las demás familias, no estoy seguro del porqué, pero me dieron a entender que no era un tema sencillo. Esa misma noche se me hizo imposible dormir, mi padre estaba realmente enfadado, gritaba y golpeaba cosas en su oficina. Traté de escuchar una conversación que estaba teniendo con mi madre y pude entender que no pudieron sacar bien un negocio, o algo por el estilo. En fin, no me sentí muy interesado en el asunto y volví a mi cama.
Al otro día Ramona me mencionó que había escuchado a sus padres hablando mal de los míos, se ve que se había difundido por el country el rumor de la pelea. Ella me propuso investigar, solo por curiosidad, de qué se trataba esto. Como yo amaba pasar tiempo con Ramona haciendo este tipo de cosas acepté, aunque sabía que no lograríamos solucionar el conflicto.
A la semana siguiente, mis padres me avisaron que se irían de casa, querían arreglar unos asuntos con las demás familias o alguna excusa parecida me dijeron. Apenas se marcharon, llamé a Ramona y le dije que era nuestra oportunidad de avanzar con el plan. Tomamos mi cámara y los seguimos hasta la casa de los Scaglia. Todo marchaba bien, parecían haber arreglado las diferencias y, como era jueves, las esposas se marcharon cada una a su casa dejando solo a sus maridos como era usual. Ramona me avisó que al otro día tenía una competencia de tenis, y que debía marcharse para poder descansar bien. Como yo no tenía nada más para hacer me quedé, solo para sacarme la duda de que es lo que hacían todos esos famosos jueves.
Terminó la noche, ya mi padre estaba por regresar así que empecé mi camino a casa. Sentía esas ganas de llamar a Ramona y contarle lo que había visto pero tenía miedo. No sabía que hacer así que solo me acosté y traté de dormir. A la mañana siguiente me desperté gracias a los ruidos de las sirenas de la policía, habían hallado los cuerpos de Martín, el Tano y Gustavo ahogados en la pileta. Mi madre estaba llorando en la cocina mientras que mi padre la trataba de consolar. Sentía un odio por dentro, pero a la vez quería protegerlo, más allá de lo que hubiera hecho seguía perteneciendo a mi familia.
Vi aquél video una y otra vez, para no tener dudas, para no equivocarme, para estar seguro de que era mi padre quién los había matado. Necesitaba a alguien, una persona con quién poder decidir qué hacer, así que llamé a Ramona. Quedó totalmente sorprendida.
Me contó que había escuchado a su madre hablando con la vecina, discutiendo sobre el accidente y aseguraban que los había asesinado el nuevo jardinero del country, quién tenía fama de peligroso. No podía dejar que culpen a una persona inocente, teniendo yo las pruebas de que no había sido él. La policía lo estaba entrevistando y ya formaba parte de los principales sospechosos.
Decidimos con Ramona mostrarle el video a mi madre, después de todo ella era más racional sobre el tema y aunque seguía perteneciendo a la familia, iba a conseguir una solución justa.
Ronie ya no parecía parte de la familia, con mi madre lo habíamos comenzado a ignorar, y no por vergüenza, sino por miedo de lo que él era capaz de hacernos si se enteraba que teníamos la prueba de que él había cometido el homicidio.
Pasaron los meses y cada vez sentía menos culpa de entregar a mi padre, así que por fin decidimos con mi madre presentar la evidencia a la policía y que ellos decidieran qué hacer. Mi padre fue arrestado un 9 de Mayo de 2002. Desde aquél día no lo volví a ver.

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