Sofía Kroeck
Más
vale la justicia que el amor
Recuerdo esa noche como
una de las peores en mi vida. Mi padre estaba por llegar de la casa de los
Scaglia sin tener la menor idea de que yo sabía todo. Mi madre no notó ninguna
diferencia ya que Ronie no le contó sobre la muerte de sus amigos, prefirió
evadir el tema. El miedo me invadía por
completo y no lo reconocía a Ronie como mi padre.
Semanas antes, la
familia Massota había organizado una pequeña fiesta, las cuatro familias
estábamos invitadas, aunque Ramona y yo por costumbre nos fuimos a caminar por
el country, sin formar parte del festín. Nos encantaba espiar a las diferentes
familias y poder tratar de descubrir que hacían en sus vidas. Luego de haber
paseado por un par de horas nos atrajeron los gritos que provenían de la casa
de los Massota. Mis padres habían discutido con las demás familias, no estoy
seguro del porqué, pero me dieron a entender que no era un tema sencillo. Esa
misma noche se me hizo imposible dormir, mi padre estaba realmente enfadado,
gritaba y golpeaba cosas en su oficina. Traté de escuchar una conversación que
estaba teniendo con mi madre y pude entender que no pudieron sacar bien un
negocio, o algo por el estilo. En fin, no me sentí muy interesado en el asunto
y volví a mi cama.
Al otro día Ramona me
mencionó que había escuchado a sus padres hablando mal de los míos, se ve que
se había difundido por el country el rumor de la pelea. Ella me propuso investigar,
solo por curiosidad, de qué se trataba esto. Como yo amaba pasar tiempo con
Ramona haciendo este tipo de cosas acepté, aunque sabía que no lograríamos
solucionar el conflicto.
A la semana siguiente,
mis padres me avisaron que se irían de casa, querían arreglar unos asuntos con
las demás familias o alguna excusa parecida me dijeron. Apenas se marcharon,
llamé a Ramona y le dije que era nuestra oportunidad de avanzar con el plan.
Tomamos mi cámara y los seguimos hasta la casa de los Scaglia. Todo marchaba
bien, parecían haber arreglado las diferencias y, como era jueves, las esposas
se marcharon cada una a su casa dejando solo a sus maridos como era usual.
Ramona me avisó que al otro día tenía una competencia de tenis, y que debía
marcharse para poder descansar bien. Como yo no tenía nada más para hacer me
quedé, solo para sacarme la duda de que es lo que hacían todos esos famosos
jueves.
Terminó la noche, ya mi
padre estaba por regresar así que empecé mi camino a casa. Sentía esas ganas de
llamar a Ramona y contarle lo que había visto pero tenía miedo. No sabía que
hacer así que solo me acosté y traté de dormir. A la mañana siguiente me
desperté gracias a los ruidos de las sirenas de la policía, habían hallado los
cuerpos de Martín, el Tano y Gustavo ahogados en la pileta. Mi madre estaba
llorando en la cocina mientras que mi padre la trataba de consolar. Sentía un
odio por dentro, pero a la vez quería protegerlo, más allá de lo que hubiera
hecho seguía perteneciendo a mi familia.
Vi aquél video una y
otra vez, para no tener dudas, para no equivocarme, para estar seguro de que era
mi padre quién los había matado. Necesitaba a alguien, una persona con quién
poder decidir qué hacer, así que llamé a Ramona. Quedó totalmente sorprendida.
Me contó que había
escuchado a su madre hablando con la vecina, discutiendo sobre el accidente y aseguraban
que los había asesinado el nuevo jardinero del country, quién tenía fama de
peligroso. No podía dejar que culpen a una persona inocente, teniendo yo las
pruebas de que no había sido él. La policía lo estaba entrevistando y ya
formaba parte de los principales sospechosos.
Decidimos con Ramona
mostrarle el video a mi madre, después de todo ella era más racional sobre el
tema y aunque seguía perteneciendo a la familia, iba a conseguir una solución
justa.
Ronie ya no parecía
parte de la familia, con mi madre lo habíamos comenzado a ignorar, y no por
vergüenza, sino por miedo de lo que él era capaz de hacernos si se enteraba que
teníamos la prueba de que él había cometido el homicidio.
Pasaron los meses y
cada vez sentía menos culpa de entregar a mi padre, así que por fin decidimos
con mi madre presentar la evidencia a la policía y que ellos decidieran qué
hacer. Mi padre fue arrestado un 9 de Mayo de 2002. Desde aquél día no lo volví
a ver.
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