miércoles, 4 de julio de 2012


Macarena Sola
La evidencia que faltaba
“¿Qué hacemos?... ¡¿Qué hacemos?!” Pensé. Lo que veía a través de mis ojos era algo que nunca habría deseado ver. Nunca voy a borrar aquella imagen. Nuestros vecinos flotando en el agua de una pileta. Muertos. “es el alcohol… es el alcohol… esto es una ilusión…” murmuraba Rama que se encontraba junto a mí en ese momento. Yo sabía que eso era imposible.
Ramona y yo siempre paseábamos por el barrio en las noches. Lo hacíamos por diversión, para matar el tiempo. Ambos sentíamos que no servíamos en esta vida, la cual hizo que nos uniéramos más. “mi vieja es una exagerada” le dije “se puso loca solo porque aparecí en una listita”. “ah… escuché sobre eso. A mí no me agarraron por suerte” respondió Rama. Yo había comenzado a pensar acerca de la cascada y de la gente que vive aquí. “odio este lugar” dije. Rama no me respondió. La gente aquí es hipócrita y egoísta. No me gusta vivir aquí, nunca me gustó. Había sido idea de mis padres hace mucho tiempo venir a vivir a la Cascada por razones económicas. “¿sabes que estaría genial? Filmar lo que hacen los vecinos. Algún día podríamos usarlos para chantajearlos” dijo Rama. “Está buena la idea. Podríamos usar la cámara que me compré hace poco”. Ese día habíamos decidido visitar la casa del Tano y Teresa. “esta vez usemos el celular para filmar” propuso Rama. Pusimos el celular con la cámara encendida en la ventana y nos asomamos un poco. El Tano estaba en su computadora navegando en internet. Hasta ahí pensábamos que todo estaba normal. No veíamos a Teresa en ningún lado. Esa noche, el Tano estaba actuando demasiado extraño. A veces se paraba y daba vueltas en la habitación. Parecía estar contando sus pasos. Luego, entraba a páginas sobre riesgos eléctricos y noticias sobre accidentes. La noche siguiente, volvimos a visitar la casa del Tano, esta vez con mi cámara. Le había tenido que rogar a Rama el volver a visitar su casa ya que ella no quería. A mí me había empezado a crecer una intriga sobre lo que él estaba pensando. Era muy obvio que estaba tramando algo. Esta vez, el Tano repitió lo mismo que hizo la noche anterior pero ahora había empezado a ver fotos. Fotos de los vecinos, de su esposa, de nosotros. Mis dudas sobre el Tano habían empezado a crecer cada vez más. Cada vez ocupaba más espacio en mi mente esto. Repetía exactamente lo mismo día a día. Había empezado a dudar si contarle a alguien con autoridad o no.  “Hola hijo...” me saludó mi padre la mañana de un sábado. Es extraño ya que casi ni tenía ningún tipo de contacto con mi familia. “Hola pa…” respondí. Otra vez se me pasaba por la mente el preguntar por el Tano. “Pa… ¿no está raro el Tano?” me atreví a preguntar. Por un momento creí que había metido la pata pero no me arrepentía. “sabes… dicen que él se está comportando de manera extraña en su trabajo. Que parece que estuviera contando sus pasos. Quizás algo le pasa. ¿Por qué preguntás?” “no por nada… ¿vas a su casa esta noche?”  “sí” respondió él. La noche de ese sábado estaba por llegar. Le había dicho a Rama que venga a casa que la necesitaba para juntar todos los videos. Quería encontrar algo en ellos. No sé qué era, pero algo me faltaba. Quería saber qué tramaba el famoso Tano Scaglia. Habíamos visto todos los videos y decidí visitar por última vez la casa del Tano. Estaba decidido que esa noche iba a averiguar todo lo que tramaba. Nos habíamos subido a la copa de un árbol ya que allí se podía ver mejor la casa de él. “Sostené la cámara” le dije a Rama. Esa noche no habíamos  tomado algo de alcohol y habiamos fumado unos pocos porros. Yo sentía que eso me ayudaba a pensar. “¡Mirá! Allí se ve algo” me dijo Rama, “filmá todo lo que puedas” le respondí. Un ruido fuerte había aturdido nuestros oídos. Parecía el de un animal siendo maltratado. Salía humo. “¡¿Qué acaba de ocurrir?!” empezó a gritar Rama “¡Ay! ¡Ay! ¿No son esos Gustavo, el Tano y Martín?” pregunté yo asustado. Ramona empezó a gritar. Yo trataba de tranquilizarla. La señora del Tano, Teresa, parecía no estar en su casa. Decidí bajar a ver, pero sin Rama. Ahora lo entendía todo. Era exactamente lo que me faltaba en mi teoría. Ya todo tenía sentido. El Tano planeó todo esto a propósito. Aun no sé bien las razones, pero sé exactamente quién era el culpable de esto. Solo me queda esperar el momento indicado para demostrarlo. 

1 comentario:

  1. Muy bien el relato me gusto mucho. la unica acotacion es q le pondria el primer parrafo abajo del todo pero exelente relato

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