miércoles, 4 de julio de 2012


Clara Cherry

Sospechas

Luego de un día duro y largo, llegué a mi casa. Esa casa que había sido negociada y comprada por mi marido. Quién iba a imaginar que algún día yo iba a llegar sola, sin encontrar nadie que me recibiera, sea de buena forma o no. La respuesta a mi pregunta es, claramente, que yo no. Pero después de todo, aunque nunca lo hubiera pensado, estaba sucediéndome.
Lo primero que hice al llegar fue sentarme en la mesa, frente al ventanal que da al patio. Recién en ese momento me di cuenta de que había venido el jardinero a arreglar los arbustos. Últimamente no pasaban por mi cabeza temas que no se relacionaran con Gustavo. Permanecía día y noche tratando de imaginar inventando imágenes el momento  en que sucedió.
Nosotros habíamos sido unos de los últimos en llegar a La Cascada. Yo no estaba tan contenta con la mudanza, pero trataba de disimularlo. No me gustan los cambios, tampoco me disgustan, sino que me cuesta adaptarme a ellos. Al principio me sentía un poco sola, pero cuando Gustavo me convenció para que empezara el curso de Bellas Artes, creí formar parte de la nueva sociedad. Era distinto; las personas, sus formas de vivir y manejar su familia, sus costumbres, el aspecto, todo era distinto. Pero me gustaba cada vez más. Hasta sentí que yo estaba cambiando, quería tomar nuevas decisiones. Sentirme un poco más libre. Quería formar una vida nueva y no depender tanto de mi marido. Pero esto a la vez me daba miedo, no quería contarle a Gustavo, ya sabía cómo podía reaccionar.

Ya estaba segura de lo que quería hacer, o por lo menos lo suponía. No sabía cómo decirle a Gustavo. Hasta que me decidí y hablé con él. Le propuse mi idea de retomar con la carrera de arquitectura que nunca había podido terminar, pero no estuvo de acuerdo. Así que decidí buscar un trabajo. Averigüé por internet, en los diarios que cada mañana pasaban a dejar, pero no me decidí por nada. Le pregunté a Gustavo si sabía de algún trabajo por acá cerca, pero no le interesaba que trabaje. Discutimos. No quería que termine así, pero a él no le importó, y sin dudarlo me pegó con su puño en el ojo derecho.
Me levanté y Gustavo ya se había ido. Eran las nueve y media. Fui hasta la inmobiliaria de Virginia, pero no había llegado todavía. Espere 10 minutos en el auto y llegó. Nos saludamos y cuando pudo abrir la puerta entramos. Le conté que estaba buscando un trabajo, que me ayudara. No la vi muy convencida de que lo que me iba a decir, pero finalmente aceptó y me dijo que la ayudara con los nuevos clientes que llegaran en busca de una casa, como una vez lo había hecho Gustavo.

En una semana iba a ser el cumpleaños de Gustavo, y quería hacerle un regalo, algo especial, aunque quizás no le gustara. No tuve mejor idea que pintar un cuadro especialmente para él. Me esforcé por hacer mi mejor dibujo, pero nada me convencía. Tenía que ser algo perfecto. Revisando la agenda de mi celular encontré el número de Liliana, la profesora del curso. La llamé y le pregunté si dentro de media hora podía ir a su casa. Pasó esa media hora y yo estaba en su casa. Fui simplemente para comprarle un cuadro, cambiarle la firma y regalárselo a Gustavo. Encontré uno perfecto, le encantaría.
La noche de su cumpleaños, después de brindar, se lo di, quedó sorprendido.

Los viernes solían ser los peores días de trabajo, a todas las personas se les ocurría ir ese día a averiguar sobra la compra de una casa. La inmobiliaria ese día cerraría a las dos de la tarde, pero se nos hizo tarde. Gustavo no había ido a trabajar, y se quedo todo el día en casa. Me había olvidado el celular cargando, y no tuve forma de avisarle que me tardaría un par de horas más. La última pareja con dos pequeños mellizos que llegó tardó dos horas en elegir una casa. Se hicieron las seis, y yo seguía recorriendo el barrio.
Ya se había escondido el sol a las siete cuando me subí al auto para volver. Llegué, apurada y cansada. Entré por el patio y me encontré a Gustavo sentado en la hamaca, no levantó la mirada cuando me acerqué a saludarlo. Cuando le fui a dar un beso en la mejilla, me esquivó y se levantó en silencio. Apenas me miró, cerró su puño, y lo chocó contra mi mandíbula, desde abajo. Sentí que todo había empeorado desde la última vez.

Cuando me enteré de lo que había pasado esa noche de jueves en la casa del Tano Scaglia, sentí que estaba sola en el mundo, metida en este country, sin saber qué hacer. También me enteré de lo que le había pasado a Ronie la misma noche y pensé en Virginia. Pero eso no era lo más importante. Había perdido a mi marido, a Gustavo, por algo que llamaban “accidente”.
Como todos los jueves de las semanas, el Tano, Ronie, Martín Urovich y Gustavo, se habían juntado a cenar. Pero no terminaron con el postre, terminaron de otra forma. Ronie se había ido, no saben por qué. No era una de las noche más cálidas en La Cascada, pero ellos habían decidido refrescarse en la pileta. Habían estado tomando, vino seguramente, como siempre lo hace el Tano. Como me contaron, un cable de un equipo de música, calló dentro de la pileta y al tocar el agua se electrocutaron y murieron al instante. Pero mis sospechas no me llevaban a una conclusión, sentía que algo más había pasado esa noche.

Más sola me sentí el día del velorio de Gustavo y sus amigos. Veía a las familias con sus padres fallecidos, unidas, apoyándose y dándose fuerza unos a otros. Y yo, sin nadie que me prestara su hombro para llorar, sin ni siquiera un hijo. Solo vino una gran amiga mía de la infancia. Pero lo que más me dolía, es que no había podido cumplir el sueño de mi marido.

Sonó mi teléfono a las diez de la mañana, yo todavía dormía. Era Virginia, que fuera enseguida para su casa. Como pude me levanté, me cambié y me fui para allá. Me atendió ella, y más atrás estaban Ronie y Teresa. Atrás mío llegó Lala. Nos sentamos en los sillones los cinco, y Ronie empezó a hablar. Le costaban pronunciar con claridad las palabras al principio. Lo importante que nos tenía que contar era la verdad. Sí. La verdad. El por qué de la muerte de nuestros maridos. Lo que nos habían contado, era mentira. Él sabía la razón, que había pasado en realidad.
Después de cenar, habían jugado unas manos de truco. El Tano había tomado una decisión que nadie esperaría, pero no quería hacerlo solo. Trató de convencerlos para que lo acompañaran. Con Ronie no lo logró, y decidió irse a su casa de vuelta. Martín, el Tano y Gustavo se metieron en la pileta. Pero la verdad es que no murieron por un accidente, si no que habían decidido suicidarse. Ninguna de las tres lo podíamos creer. Por qué habían decidido suicidarse. Si después de todo, cuando la policía se enterara, no íbamos a cobrar nada, como ellos pensaron.

2 comentarios:

  1. Muy Bien. Me gusto mucho este relato, pero hubo errores de tipeo. Tampoco me esperaba ese final, deberias haber puesto un poco mas de empeño en ese final.


    "Luego de la cena, timbearon un rato, tomaron un par de copas de mas e hicieron una apuesta. Ronie no quizo decir que tipo de apuesta era pero nos contó lo demas, que era mucho mas importante. Al parecer tuvieron una pelea muy grande que eso los llevó a empujarse y pegarse. Martín, El Tano y Gustavo estaban en contra de Ronie, así que él los tiró a la pileta y los ahogó a cada uno de ellos. No quise saber lo demás, asi que agarré la pistola que llevaba dentro de mi bolso y le disparé. No me gustan los finales felices" Último párrafo (14)
    Sofía Bonoris.

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  2. Me gusto bastante el relato, creo que hay algunos errores de concordancia pero dentro de todo esta muy bien redactado.

    "Me levanté y Gustavo ya se había ido. Eran las nueve y media CUANDO fui hasta la inmobiliaria de Virginia, pero no había llegado todavía. Espere 10 minutos en el auto HASTA QUE FINALMENTE llegó. Nos saludamos y cuando ABRIÓ la puerta entramos. Le conté que estaba buscando un trabajo, LE PEDÍ POR FAVOR QUE ME CEDIERA UN LUGAR EN SU INMOBILIARIA PERO No la vi muy convencida de que lo que me iba a decir, finalmente aceptó y me dijo que la ayudara con los nuevos clientes que llegaran en busca de una casa, como una vez lo había hecho Gustavo".
    Párrafo 5
    Lautaro Montaña

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