Lara Cejas Marcovecchio
No era de esperarse
Nada me sale bien, aunque comencé a sentir esto hace
poco. Mi nombre es Mariana Andrade, un nombre prestigioso en estos tiempos. Yo
era una mujer feliz, tenía plata y al hombre que siempre quise, Ernesto.
Queríamos un hijo, pero me diagnosticaron “huevos vacíos, sin posibilidad de reversión”
en Estados Unidos, yo no era fértil pero antes por lo menos tenía esperanzas y
me hice varios tratamientos. A partir de ese momento borré todas mis
expectativas, tener un hijo era importante para mí y decidimos adoptar,
queríamos adoptar un solo niño pero ellos eran dos, era eso o seguir esperando,
no podía pensar en seguir así porque la angustia me consumía por dentro. Adoptamos
a Pedrito de tres meses y a Ramona que era bastante más grande que lo que
nosotros hubiéramos querido. Cuando los adoptamos nos mudamos a la Cascada, un
barrio privado lleno de lujos y seguridad, perfecto para una nueva familia.
Su nombre ya lo dice todo: Ramona. Ese no es un
nombre de alguien en quien confiar. No es que no la quiera, pero nunca estuve
convencida de ella. No es mi hija, es adoptada, aunque no hace falta aclarárselo
a nadie porque alguien con esas características nunca podría ser hija mía. La
base de su educación no era buena, no tenía el nivel de la mayoría en Lakelands, ni tampoco las english skills de sus compañeros. Mis
expectativas nunca estuvieron sobre ella, sí sobre Pedrito que empezó desde
cero conmigo. A medida que la nena fue creciendo, nuestra relación fue
empeorando, claramente no éramos un ejemplo de madre e hija que se querían y se
contaban todo. Además empecé a notar conductas raras en ella, era una
adolescente que creía que se podía llevar el mundo por delante, generalmente salía
por las noches con Juani y claramente consumían alcohol y drogas. A veces
fantaseaba con tener una hija pulcra, educada, perspicaz o por lo menos
atractiva, pero Ramona no poseía ninguna de estas características.
Todo cambió aquella noche que me enteré del
“accidente en la piscina del Tano”. Estaba en todos los diarios: Gustavo, Martín
y el Tano se habían electrocutado. Yo sabía que no había sido un accidente
porque dos días antes había revisado la mochila de Ramona. Tenía un diario con
candado, el candado no tenía casi función porque fue muy fácil abrirlo. Cuando
leí esas hojas no pude creer lo que estaba leyendo ni que todos estos pensamientos provenían de
Ramona ¿Todo eso le estaba pasando y yo no lo había ni notado? El diario decía: “Pensaba que Juani era un
buen chico, no conocía ese lado de él, no es lo que me esperaba que fuera, no
lo creía capaz de hacer esto. No puedo hablar
con nadie sobre esto porque Juani me amenazó y no quiero romper la
promesa con mi único mejor amigo.” Esto fue lo primero que leí, no me imaginaba
que podría haber pasado, pero después de leer casi siete páginas de
indescriptibles sucesos entendí que Juani los había matado.
¿Juani Guevara? Nunca me hubiera esperado algo así
de él, siempre lo vi como un chico inofensivo. ¿Cuáles habrán sido sus razones?
En el diario no lo explicaba, pero sí tenía sentido. El único sobreviviente era
Ronie, su padre, que se fue sospechosamente de la reunión esa noche, antes de
que todos murieran. En el diario, Ramona
escribía mucho sobre Juani, contó que el asesinato había sido cuidadosamente
planeado por él, así parecería un accidente en la piscina.
Todo esto fue confuso para mí, definitivamente no
podía creerlo, no sabía si era correcto contarlo, de qué forma debería hacerlo
y a quién. Decidí hablar con Virginia, la madre de Juani, pero intenté que la
charla fuera como las de rutina ¿a qué madre le gustaría que le digan que su
hijo es un asesino? Mientras tomábamos un té de Frutos Rojos salté con el tema
“-La noche del accidente, ¿Qué estaba haciendo Juani?” Virginia me miró
sorprendida, mi pregunta no tenía mucho que ver con el tema pero aun así me
contestó “ -Esa noche Ronie volvió a
casa temprano y mientras bajaba las escaleras de casa se tropezó y se rompió la
pierna, por eso fuimos al hospital. En el camino, me cruce con Juani y Ramona
corriendo. ¿A qué va esa pregunta?” a lo que le contesté que solo era una
curiosidad. Tenía sentido, fue como encontrar una pieza más del rompecabezas
que enganchaba perfectamente, cuando Virginia los vio corriendo, Juani acababa
de matarlos.
Creía ya saber lo que había pasado: Juani era el
asesino de Martin, el Tano y Gustavo. Hasta que Virginia me habló, parecía ser
muy serio “Mariana, lo que te voy a decir es un poco fuerte, no sé si lo vas a
poder creer al principio, pero es la verdad” “Decime” “Romina fue la culpable
del accidente”. “¿Romina? ¡Juani fue el asesino!, lo leí todo en el diario de
mi hija, Juani la obligó”. Ninguna de las dos podía creer lo que la otra decía,
hasta que me dijo: “Vos nunca supiste la verdadera historia de Romina, su
pasado. Pero Juani sí, porque ella se lo contó. Ramona fue una niña muy
maltratada, y tiene trastornos psicológicos, piensa cosas que no podríamos
imaginar y sobretodo es inteligente, demasiado. No pudimos encontrarle un por
qué a su plan pero su objetivo era ser adoptada por una familia y arruinarla. Y
eso es lo que hizo, llegó a tu vida y la devastó ¿O acaso ella fue una buena
hija? No lo creo, terminó con tus amistades, matándolos, y creo que el plan
sigue con tu esposo y luego con vos. Su mente es muy compleja, y te puede hacer
confundir, Juani me contó del diario que escribió para parecer una hija
ejemplar. Supimos de esto antes de las muertes, pero no lo creímos, son
adolescentes. Esa noche Ronie estaba con los hombres y llegó Ramona, entonces
intuyó lo que iba a pasar y se fue. Después pasó lo que pasó”.
Lara me gusto mucho tu cuento, es muy entretenido y te dan ganas de terminarlo y saber que es lo que va a pasar con las muertes, con Romina y con Juani.
ResponderEliminarMuy bueno.
Yo le pondría como título “Algo inesperado”.
Párrafo intervenido: Número 3
“¿Juani Guevara? No podía creer que el haya sido el que mato a los tres amigos.
En el diario de Romina aparecía mucho el nombre de Juani y en una hoja aparecía que el asesinato había sido cuidadosamente planeado por él.
Justo da la casualidad que su papá Ronie se había ido de la reunión.”
Santiago Trobbiani.
Muy bueno el comentario; sólo que no entendí la última oración. ¿La podés escribir nuevamente Santi?
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