miércoles, 4 de julio de 2012


JuanVoria.
Todo comenzó raramente. Hacía apenas unos meses que había llegado al country y tuvo que pasar tal desgracia. Decían que La Cascada era el lugar más seguro, pero obviamente nada es seguro en este mundo, lleno de tanta maldad e hipocresía por todos lados. Tenía mis amigos después de tanto tiempo y tuvo que suceder. Seguro fue por causa del dinero, en estos tiempos es lo que más le importa a la sociedad. Nadie piensa en el otro, pareciera que la plata valiese más que sus propias vidas, y así fue.
  Me mudé a Altos de la Cascada por razones propias. En la ciudad ya no me sentía cómodo. Yo era un gran amigo de Gustavo Masotta y de su mujer, Carla. Al llegar al country me encontré con Virgina Guevara, una empleada de la inmobiliaria. Comenzó a mostrarme las casas en venta, pero ninguna era la adecuada para para mí, hasta que finalmente hallé la indicada. Luego de encontrar mi hogar decidí dar unas vueltas para conocer mejor el country.  En el camino vi que Gustavo estaba allí también, charlando con Virginia, buscando una casa para alojarse. Le preguntó si jugaba al tenis. Contestó que sí, pero indignado. “Entonces te voy a presentar al Tano Scaglia, el mejor jugador de tenis del country, quizás puedas ser un gran rival para él. Ya no puede encontrar quién lo venza” Le dijo ella. “Espero no decepcionar sus expectativas” contestó.
  Ese día supe que su vida volvía a empezar, supe que su relación con Carla iba a mejorar. Carla… Su querida mujer. Se llevaban bien, pero tengo que admitir que Gustavo es muy celoso y desconfiado. Él dice que lo saca. Lo saca tanto de quicio que lo único que puede hacer en ese estado es beber, beber y volverse loco. No encuentra otra solución.
  Gustavo conoció un tipo una mañana, pude espiarlos. Estaba en camino a jugar al tenis cuando lo cruzó. Alto, robusto, con una mirada fija y una actitud firme hicieron que supiera quién era la persona que tenía en frente. Tal y como se lo había dicho Virginia Guevara aquella vez que se conocieron. Era el Tano Scaglia. Él no supo quién era el tipo que estaba frente a él y lo miró con rareza. De pronto le preguntó “¿jugas al tenis vos?”, “sí”, “¿querrás jugar un partido entonces, no?” “bueno dale, me viene bien”. Aquella tarde me imaginé cómo debía estar sintiéndose Gustavo. Supongo que tenía sentimientos de mucha adrenalina, sudor por todos lados. Estaba tieso, parecía que sus pies estaban aferrados a la tierra. El primer set iba mal, pero luego comenzó a dar vuelta el partido. Ya por el segundo set se sentía muy nervioso, pude notarlo ya que las piernas le temblaban más de lo usual y las cosas dieron un giro drástico. Jamás había jugado tanto, después de todo, lo que se decía del Tano era pura verdad, un jugador profesional impecable, siempre los ojos en la pelota, muy decidido con sus golpes, era algo inigualable. Terminó perdiendo el encuentro, pero él se le acercó. “¿Che flaco, como te llamas?” “Gustavo Masotta. Llegué al country hace unos días”, “mira Gustavito, por acá hay muy buenos contrincantes y yo estoy buscando un dúo, y por como jugaste hoy sé que sos el indicado, ¿qué te parece?”.
  Todos los sábados comenzaba otra vez la misma rutina, ir a jugar al tenis con el Tano como compañero a las diez de la mañana. Y siendo amigo suyo, conoció a todo el country. Fue amigándose con Ronie, que por cierto era el esposo de Virginia. También conoció a los Urovich y a las personas más cercanas al Tano. Pero Carla no tenía amigas, así que le propuso anotarse en un curso de Bellas Artes para que sociabilice un poco. Gracias a eso fue conociendo mujeres, y algunas de ella pasaron a ser muy importantes en su vida.
  Luego de que Carla consiguiera trabajo en la inmobiliaria junto con Virginia, ella y Gustavo tenían pactado que volviese a las cinco de la tarde. Pero un día Carla tardó más de lo normal. Yo pude espiar a Gustavo desde mi ventana una tarde. Estaba dele ir y venir por el pasillo, dando pasos amplios y fuertes. Se agarraba la cabeza, lloraba de vez en cuando, pero en un momento supe que todo iba a empeorar. Comenzó a beber. No me atreví a molestarlo personalmente, pues es un hombre con demasiado carácter, pero intenté llamarlo. No hubo respuesta. Pasada las cinco de la tarde Gustavo se encontraba aún peor. Empezó a beber sin parar. Pasado el atardecer, cuando el sol comenzaba a caer y daba lugar a las estrellas, Carla llegó a casa contenta y tranquila. Se le acercó con la intención de darle un beso en la mejilla, pero en cuestión de un segundo Gustavo apretó su puño y dientes, lanzando un terrible golpe a la mandíbula de la pobre e inocente joven. Pero lo peor de todo fue que no era la primera vez que Gustavo maltrataba a su mujer, hubo unas cuantas  más, y él, harto de sentirse indagado y presionado por la familia de Carla, decidió vivir en La Cascada para estar lejos de lo que le hacía mal para poder comenzar una nueva vida, pero nada había cambiado.
  Tiempo después, un jueves por la noche, como todos los jueves, se juntaron Gustavo, Ronie y Martín en lo del Tano a jugar a las cartas y beber un rato mientras que sus mujeres salían a comer a un restaurant. Yo estaba en la terraza de mi casa, observando qué hacían, pues me gusta saber siempre en qué andan los demás. Todo estaba muy tranquilo, nada fuera de lo normal, ellos seguían jugando y bebiendo. De pronto salieron todos al patio y comenzaron a charlar. No se por qué razón, pero Ronie y el Tano empezaron a discutir casi con intención de empezar a las trompadas. Ronie finalmente se fue. Minutos después Gustavo comenzó a llorar, diciendo “no quiero, no puedo” “dale, todos sabemos que maltratas a Carla y tu vida no vale nada” decía Tano. “¿Y vos Martín? Vos y yo estamos desempleados, y lo único que quiero es salir de esta crisis, no pertenecer más a toda esta basura, y no quiero que mi mujer y mis hijos tengan que pasar por esto tampoco. Yo sé que te pasa lo mismo” “sí, es verdad, esta vida ya no es para nosotros, lo único que podemos hacer es dejarle el seguro de vida a nuestra familia y sacarlos de todo este embrollo.” “¿no te prendes Gustavo?” “¡no puedo, no puedo!”. De pronto, Martín se tiró a la pileta junto con Tano, arrastrando al borde de la misma un equipo de música. “¡Dale Gustavo, nuestras vidas ya no valen nada, déjate de joder!”, pero él seguía inmóvil, sin poder dejar de llorar, y sus palabras eran siempre iguales, “no puedo, no merezco esto, no puedo”. Fue ahí cuando el Tano se subió al borde de la pileta, miró a los ojos a Gustavo, le sonrió, lo abrazó y de un tirón lo empujó hacia la pileta, llevándose con él el equipo de música.
  Y así fue como sucedieron las cosas. Tres hombres electrocutados en una pileta por un hometheatre, y el asesino, nadie más que el Tano, pero, ¿Por qué? Por cuestiones económicas supongo.

1 comentario:

  1. Lara Cejas Marcovecchio 3ro 2da:
    Me gustó mucho. Un muy buen autor que te sorprende cada vez más con su forma de escribir. Un texto atrapante, caracterizando al narrador tal cual era presentado en la novela “Las Vidas de los Jueves” y dándole una nueva esencia al relato. No cambiaría demasiado, pero quizás agregaría más ideas mías que no hayan aparecido en la novela o un final inesperado. Usó expresiones muy buenas y creativas, mostró otro punto de vista, y dio opiniones propias que hacen al lector estar mas interesado.
    Muy bien.

    Anteúltimo párrafo (7):”Un Jueves por la noche vi que Gustavo, Ronie y Martín estaban en lo del Tano. Sus esposas habían salido, como acostumbran a hacer cada jueves. Yo estaba tranquilo en mi terraza, pasando el rato, observando de paso. No ocurría nada extraño en casa del Tano, así que estaba más concentrado leyendo mi libro que mirando lo que hacían, hasta que empecé a escuchar muchos ruidos que me desconcentraron. Gritos, como si estuvieran muy enojados entre sí, no sé de qué habrían estado hablando pero Gustavo parecía estar por perder el control, seguramente habían bebido de más, pero no parecía algo poco serio. “- Yo no soy un cobarde como vos, y mi vida no esta tan mal como la tuya” le gritó Gustavo al Tano. Era extraño porque, a pesar de sus diferencias, que casi nunca peleaban. Siguieron discutiendo, no llegue a entender mucho pero unos minutos después Gustavo lanzó al Tano a la piscina y arrojó el equipo de música, una muerte instantánea. Gustavo se tiró al piso, se agarró la cabeza y comenzó a llorar, no sabía lo que había hecho ¿En que se había convertido? Ronie y Martin estaban a su lado, paralizados, sin saber que hacer “-¿Vos te das cuenta lo que acabas de hacer pedazo de mierda? Mataste al Tano. Que siempre te pongas borracho no te da un pase libre para matar gente” dijo Martin enojado. Yo no habría dicho eso si fuera el, Gustavo los tiró a la pileta, el alcohol lo volvió loco y finalmente él también se metió.“

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