Josefina Gunzinger
El Nuevo Comienzo
Nunca
me hubiese imaginado que mi vida iba a cambiar tanto, yo estaba perfectamente
cómodo con mi vida. Tenía una linda esposa, que era una gran paisajista y todo
el mundo en La Cascada lo sabía, hasta sospechaba que estaba escrito en la
agendita roja de Mavi, como le decíamos desde que había puesto su inmobiliaria.
También tenía a mis dos hijos Matías y Sofía.
Todo empezó cuando el dólar estaba uno a uno,
cuando empezó mi época de desempleo, cuando empecé a estar mal económicamente.
Por supuesto, Teresa no trabajaba, y tampoco quería que lo hiciera, nunca quise
que nadie se entere que estaba desempleado y mucho menos que estaba mal
económicamente, toda la familia seguiría con las actividades de siempre. Pero
las cosas empeoraron cada vez más, no teníamos más dinero para seguir viviendo
como lo hacíamos, en ese momento fue cuando se me ocurrió buscar una forma de
obtener dinero y de mantener a la familia, no podía permitir que el nombre de
mi familia decayera, Los Scaglia tendrían que siempre tener un buen nombre, a mis hijos les
tendría que quedar un buen nombre.
Un día después de pensar
todo esto, me fui a la Capital Federal a buscar soluciones, para esto me
ayudaría mi viejo amigo, Benjamín. El era un importante abogado nacido en
Bariloche, pero criado en Europa, también había estudiado en las mejores
universidades de derecho que existían a nivel mundial, él siempre tuvo una
visión muy parecida a la mía en cuanto el nombre de una familia, lo que pensara
el resto era muy importante para nosotros. Ese lunes fuimos de compra de muchos
libros de derechos, de economía, entre otros. Pasamos horas y horas sentados en
la plaza Serrano leyendo, hasta que a las cuatro y media justas Benjamín o
Benji, como a mí me gustaba llamarlo, me miró y entendí que tenía una idea. La
misma consistía en un suicidio, pero para esto debería tener aliados, no podría
morir nadie solo, aunque el plan era mucho más complejo que eso.
Esa misma noche me puse a
planear cómo les diría a los chicos de las reuniones de los jueves la gran idea.
Esos dos días no hablé con nadie salvo con Sofía que insistía que le compre el
gran Pony 3000, que obviamente no le podría comprar. Mi plan era más complejo
de lo que hasta yo podía imaginar, la idea principal consistía en que la gente
pensara que tenía un plan cuando en realidad tenía otro. Primero necesitaba
contarle todo a Teresa, la única que no contaría nada, la única en la cual
podía confiar. Ella aceptò, aunque le dolería o mejor dicho fingiría que le
dolería.
Finalmente el jueves llegó,
y recibí los dos frascos que Benji me había enviado, luego yo mismo me encargué
de comprar unas nuevas cartas, y de que esa noche tomáramos el mejor vino que
nunca nadie haya probado. Finalmente los invitados llegaron. Martin, Gustavo y
Ronnie estaban presentes, justo lo que quería que acudieran. Antes de serviles
el vino en las copas importadas de Estados Unidos les puse tres gotas de una de
las sustancias que me había dado Benji, la misma podía hacer que los que
ingerían estuvieran de acuerdo en todo lo que la primera persona que vean diga.
Todos tomaron la copa de vino o al menos eso creía. Pensé que era el momento de
decirles mi plan, y no me equivocaba ya que habían pasado dos horas y quince
minutos justos. Les conté el plan de suicidio en la pileta, de poner cables y
así morir electrocutados, tras mucha charla todos aceptaron excepto Ronnie
estaba completamente en desacuerdo, no entendía por qué. El había bebido la
poción, en ese momento miré la mesa disimuladamente y me di cuenta de que
Ronnie solo había bebido un cuarto del vino de la copa y Gustavo solo la mitad.
Ronnie se fue y no pude hacer nada.
Un momento después fuimos a
la pileta, Martín lo había hecho bien, estaba flotando. Gustavo en cambio
estaba llorando en el borde, no estaba seguro de hacerlo y no pensé más y lo
empujè, seguro fue por no haber tomado todo el vino. Después fui yo, esperaba
que la poción que yo había tomado hiciera efecto, nunca había sentido tanta
adrenalina en toda mi vida.
Tres semanas después
desperté, Teresa había podido robarse mi cadáver y con algunos ahorros que nos
quedaba contratar un jet privado para así viajar al Caribe, una nueva vida
comenzó. Casa nueva, vida nueva, vecinos nuevos, lo mejor era comenzar de cero.
Le debía más que mucho a Benji, tanto como por haberme conseguido las pociones
como por guardar el secreto.
Podía vivir estable con la
plata que le daban a Teresa por mi muerte. Mi nueva vida, recién comenzaba.
Juan Voria
ResponderEliminarComentario: El relato me pareció muy bueno, me gustó mucho la imaginación que le pusiste al cuento, especialmente por lo de las pociones. Seguí así.
Calificación: Muy bueno.
Párrafo a cambiar: 4
Párrafo propio: Comencé a idear mi plan para convencer a mis complices sobre mi idea. Empecé a escribirlo en un papel y luego de haber escrito durante dos horas fui al baño, y al volver, Teresa estaba agarrando el papel, con los ojos llorosos. Le expliqué lo que pasaba, y luego de una difícil discusión, llegamos al acuerdo de que ella no diría nada, fingiría que nada pasó. Ya con esto, mi plan estaba en marcha, y sabía que todo iba a resultar como lo esperaba.