Brunella
Stefoni
Descontrol
de locura
Me
llamo Carla y nunca en mi vida había presenciado una escena tan sádica e
inigualable. Sigo sin poder creer lo que ella tenía en mente porque nunca pensé
que pudiera hacer algo así, inclusive a su propio esposo, que lo amaba y él a
ella. Algo que nunca sentí al lado de Gustavo.
Gustavo
y yo llegamos a La Cascada por decisión de él, diciendo que iba a ser lo mejor.
Era un barrio muy limpio había unas
casas muy a la moda y estaban muy bien vistas. Gustavo me obligaba a hacer
amigas, pero si fuera por mí no me esforzaría en ello. Me dicen que soy muy
cerrada, no es porque quiera, es que siempre fui forzada a ser así.
Los
vecinos de La Cascada no me agradaban a excepción de algunos como Virginia Guevara,
Teresa Scaglia y algunas chicas de pintura.
Últimamente
a Teresa la veía muy extraña, como sin vida. Nunca le pregunté qué era lo que
le pasaba porque capaz que no era nada de lo que preocuparse. Pero algo que la
atormentaba pasaba por su mente.
Fue
en una de las tantas noches que se juntaban en la casa del Tano, esposo de
Teresa. Esos jueves que eran tan preciados para ellos…
El
Tano no había llegado todavía de su viaje a la ciudad vecina y Martín Urovich y
mi esposo fueron más temprano al lugar del encuentro. Allí se encontraba Teresa
sola que estaba por ir al cine con las chicas…Me duele pensar en esos días.
Martín,
que yo supiera, era buena persona, aunque el alcohol nos cambia a muchos.
Gustavo en sí, es violento pero nunca me imaginé que pudiera hacer tal cosa. En
fin, ese día que Teresa nunca olvidó floreció la desconfianza y el temor en
ella.
Yo
había rechazado una vez más la invitación al cine. No me interesaba la película
elegida y no quería ir. Así que decidí dar una vuelta en auto. Dí un par de
vueltas por el barrio y cuando fui hacia la casa del Tano para ver qué hacían,
observé que dos chicos caían de un árbol cerca de lo del Tano. Claramente eran
Romina y Juani que echaron a correr. Se los veía desesperados y asustados.
Tenían una videograbadora que se les cayó y lo dejaron detrás. Fui y la recogí
para devolvérselas pero no los encontré después de ver por todo el barrio. Me
volví a casa y tuve curiosidad de ver la grabación pero dudé demasiado y llegó
Gustavo. Tenía mucho olor a champagne y a sidra de las caras, el olor era insoportable.
Le pregunté cómo la había pasado y me contestó: “No quiero hablar de eso,
dejáme en paz que estoy cansado”. Esperé a que subiera y se durmiera para ver
el video pero me gritó y me vino a buscar de los pelos con la excusa de que si
él dormía, yo también. Acostumbrada a los golpes no me rehusé.
Esa
fue una de las noches más extrañas, aunque en la otra nada fue lo mismo. Ni
para mí, ni para Lala, ni inclusive para Teresa. Ronie no tuvo nada que ver
porque fue obligado a irse antes esa misma noche. Pero sabía lo que estaba por
suceder. Tres cuerpos hundidos en la pileta. Es triste fingir que nada ocurrió.
En
mis clases de pintura no mejoraba ni me importaba hacerlo pero a Teresa parecía
preocuparle. Su forma de pintar era muy violenta y nada le salía bien. Se
enojaba y hasta la vi llorar. Esto pasó un par de días después de la última reunión
en lo del Tano.
Me
seguía preguntando qué había en el video. Pero no dudé y se lo di a Virginia.
“Virginia tomá esto, es de Juani o de Romina, el otro día vi que se les cayó”
le dije. Ella me agradeció diciéndome “Juani está muy nervioso, tal vez sea por
esto”.
Los
días pasaron y pasó un mes. Un 27 de Septiembre. Un día muy inesperado. Esa
misma noche Ronie, Gustavo y Martín fueron a lo del Tano, como todo jueves. Yo
decidí tomarme un té de tilo y quedarme viendo videos de mi boda. Esos tiempos
en los que nada parecía preocupante. Me quedé dormida y la cinta seguía
andando. Todo estaba silencioso. De repente el teléfono sonó y fui a atenderlo.
-¿Carla?
Por favor vení, te lo suplico. Soy Teresa. ¡Apurate por favor!-. Me dijo.
A
lo que yo respondí:-¿Qué pasó? ¿Algo le pasó a Gustavo?-.
-Vos
solo vení-. Sonó como si me estuviera obligando.
Me
fui sin pensarlo dos veces…
Acá
en Miami no se vive tan mal. Yo pensé que era lo mejor para rearmar nuestras
vidas, o al menos para mí. Porque al llegar en ayuda de Teresa lo que nos iba a
pasar cambiaría por completo nuestras vidas.
Llegué
y vi que Lala venía corriendo en pijamas. Le pregunté qué hacia ahí y me
contestó que Teresa la había llamado. Algo raro había detrás de esto.
Escuchamos que una música provenía del patio y tocamos timbre. La puerta se
abrió y Teresa nos hizo pasar al living. Nos sentamos, con el Tano, en el
sillón color turquesa. Afuera se escuchaban risotadas y copas chocándose.
Estaba segura de que eran Gustavo y Martín.
-Voy
a saludar a Gustavo- dije.
-No,
esperá Carla, mirá esto primero, después hablás lo que tenes que hablar con él-
me respondió Teresa.
-¿Qué
querés mostrarnos Teresa? Cortá con tanto suspenso-dijo el Tano. Y Teresa puso
el video.
La
grabación era desde un árbol y se veía una pileta, la misma que estaba afuera.
Estaban Martín, Gustavo y Teresa en una esquina, y Gustavo la empezó a manosear
mientras Teresa lo empujaba pero Martín la sostenía y la callaba. Gustavo y
Martín se veían muy borrachos. La desnudaron y la violaron. Teresa lloraba y
trataba de huir y gritar pero era imposible. Fue ahí cuando se cayeron del
árbol y corrieron dejando atrás la cámara.
Un
silencio corrió por la sala y el Tano furioso fue afuera. Yo no podía creerlo y
Teresa nos dijo:-Por favor, vayamos afuera-.
Teresa
estaba atormentada por la situación y no sabía qué hacer. Había sido violada
por sus propios amigos. Su mente daba vueltas y ella sintió que no tenía alternativa
más que de suicidarse. Hasta el día que Juani, hijo de Virginia, le trajo la
prueba que era la respuesta a todos sus problemas.
Cuando
salimos, el Tano los puteaba, hasta intentó meterse en la pileta a cagarlos a
piñas pero Teresa lo detuvo. Se dirigió hacia mí y a Lala. -Perdónenme por lo
que voy a hacer pero es mi única solución para todo esto-. Agarró el
reproductor de música que estaba conectado y lo tiró a la pileta. Todo oscuro.
Pero sólo algo brillaba, los cuerpos que flotaban en el agua. Yo aún no caía de
lo que estaba sucediendo.
-¡Teresa!
¡Teresa!¿¡Qué hiciste mujer!?-gritaba el Tano desesperado. Estaba al borde de
la pileta y un simple resbalón cambió la cara de Teresa e intentó ayudarlo pero
ya era demasiado tarde. Otra luz brillante viajaba por el cuerpo de Alberto, el
Tano. Teresa se quedó helada. Lala fue la primera en reaccionar y se fue
corriendo gritando: “Hija de puta, ¡HIJA DE PUTA! ¡Te voy a meter en cana!”.
Teresa me miró con los ojos llenos de lágrimas y me dijo:-No le digas a nadie
por favor…es mejor que te vayas-.
Nunca
supe por qué lo hice, creo que por venganza, pero seguro que la locura me cegó,
aunque ahora mismo no me arrepiento. Me llevé a Teresa muy lejos, a Miami. Le
di un lugar en mi nueva casa. Un lugar oscuro pero un lugar al que pertenece.
Le doy de comer si se me plazca y sale a ver la luz fuera de ese sucio sótano
si yo quiero. Su vida es mía ahora, como la de Gustavo fue de ella en ese
momento…
“Siempre pensé que mudarme seria lo mejor para rearmar nuestras vidas, porque al llegar en ayuda de Teresa mi vida cambiaria para siempre, nunca volvería a ser como lo era antes."
ResponderEliminarEl párrafo intervenido es el párrafo 13.
Brenda Locher.