Sr. Director 24/03/05
Escribo hoy, para ponerle un fin a aquello sucedido hace ya varios años. Me siento obligado a dar una explicación, de mi parte y creo que sino de todos nosotros, de la mayoría, porque nunca hablamos de aquel joven viajero que una vez fue la novedad el pueblo. Ni de él ni de tantos otros que no hemos visto más. Supongo que los más jóvenes no sabrán a quién me refiero. Pero lo que deberían saber, y pienso decírselos, es la razón por la cual no conocen esa historia, que se desean pueden obtener información de cualquier miembro antiguo de esta comunidad. En la primavera de 1978 encontramos allí en los médanos a las afuera de este pueblo varios de los que debieron ser mucho más cadáveres. Íbamos con el comisario, fallecido hace sólo tres meses, que nos instó a guardar silencio sobre el asunto, algo entendible dadas las condiciones que el país vivía. ¿Por qué callamos tanto tiempo? En un principio, nos asustó más que el mismo comisario, la desaparición de su hija, lo cual demostraba la presión que este recibía. En sus últimos días, el pobre hombre decidió hablar. Nunca voy a entender por qué me eligió a mí como su confidente. Quizás porque estuve con él en el momento del descubrimiento de los cadáveres, o porque por casualidad llegué a su casa con algunas compras olvidadas en el negocio justo después de que su hija fuera secuestrada. El punto es que habló sobre cómo habían amenazado a su familia para mantener el secreto de los médanos, sobre la imprudente curiosidad que lo llevó a investigar la zona con las personas de Puente Viejo, el horror que experimentó al ver lo que ocultaba y cómo por culpa de un perro muerto de un balazo, ellos, los culpables de los cadáveres, se dieron cuenta que alguien ajeno había estado allí y decidieron llevarse a su hija a forma de escarmiento.
Sin embargo, nos mantuvimos mucho más tiempo en silencio, luego del retorno a la democracia por vergüenza, creo yo, de haber sido partícipes, de haber tapado la injusticia cometida en este pueblo sin pensar que no fue el único lugar donde pasó, y que esas cosas es mejor exponerlas.
En cuanto al muchacho, referido al comienzo de la carta, aquel libre viajero de pelo largo, nos podemos entregar a muchas especulaciones, como que efectivamente fue desaparecido, en ese caso, es nuestro deber seguir buscándolo como a los demás, o que se exilió por cuenta propia a seguir viajando por el resto del mundo.
Malena Amra
Muy bueno! Nota: 2 (dos)
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