miércoles, 5 de octubre de 2011

Masacre en Avellaneda. Maite, Lucía, Sofía y Malena


-¿Quiénes son?- pregunté fastidiado.
-No sé, algo de los desocupados, están en el puente Pueyredón, ¿qué quiere que hagamos?
-Mandá a la policía, nosotros dejamos muy claro que cualquier tipo de protesta iba a ser reprimida, que haga lo que quiera, pero que los saque de ahí, ¿se entendió?
-Si jefe- dijo el jefe de la policía y cortó.
Eso fue lo último que escuché del asunto, hasta que, un par de horas después, recibí un llamado diciendo que la policía había matado a dos jóvenes que estaban en la manifestación, y que iba a tener que hacer algo.

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-Disculpe ¿Nos puede contar quiénes son y el por qué de esta manifestación?- Me preguntó una periodista.
-Sí, yo soy Maximiliano Kosteki y somos del Movimiento de Trabajadores Desocupados y estamos protestando para conseguir un aumento general del salario y una duplicación de 150 a 300 pesos en el monto de los subsidios para los desocupados. Nosotros sólo queremos un aumento y parece que la única manera que nos escuchen y nos den bola es esta, protestando y cortando algunos accesos a la Ciudad de Buenos Aires-Le contesté aprovechando la oportunidad de poder dar la verdad de lo que está pasando antes de que los medios de comunicación empiecen con sus estúpidas mentiras.
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Alfredo Fanchiotti, ahora en prisión, no puede dejar de pensar en aquel día de 2002. Se había levantado temprano para llevar a sus hijos a la escuela ya que al estar recientemente divorciado se tenía que hacer cargo de todo. Luego, como cualquier día normal, se presentó en la comisaría para trabajar. Fue cuando le hicieron saber que se estaba produciendo un corte en las inmediaciones de la estación ferroviaria de la ciudad de Avellaneda. Los piqueteros estaban desarrollando esta jornada de presión para conseguir una duplicación del salario en el monto de los subsidios para los desocupados.
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Acababa de salir a la venta la cámara de Kodak, la 1600. Siempre había sido un aficionado a la fotografía. Desde chico, cuando mis viejos compraron una, me encantó capturar imágenes, de lo que sea. En los cumpleaños, las vacaciones, los actos escolares, las fiestas, siempre yo era el fotógrafo. Por eso cuando salí de secundaria no había tenido ni una sola duda acerca de lo que quería estudiar. “Una imagen vale más que mil palabras, Sergio”  me decía mi hermano mayor. Y tenía mucha razón. En ese hecho que presencié no importa nada de lo que hayan dicho, o vayan a decir, la foto, mi foto, siempre va a estar ahí para demostrar lo contrario.
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Lo primero que hice fue llamar a mi gente de confianza y discutir el asunto, al parecer el oficial  Fanchiotti había disparado a uno de los jóvenes y cuando otro fue a socorrerlo, lo asesinó a él también.  Acordamos que la versión oficial sería que se habían matado entre ellos, porque estaban teniendo enfrentamientos internos. Así que ocho horas después  el secretario de Seguridad Interior de la Nación, Juan José Álvarez, le contaba a la prensa lo que habíamos acordado. También hicimos que  el propio ministro del Interior, Jorge Matzkin, brindara una conferencia de prensa confirmando que la policía no portaba proyectiles de plomo y que eran los piqueteros quienes estaban armados con armas de fuego.
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-Y ¿Cómo cree que todo esto se lo está tomando el presidente Duhalde? Por lo que escuché mandó a la policía.
-Y bueno, yo creo que es obvio que no la está pasando bien, por algo está mandando a la Policía Federal, la Policía Bonaerense, la Gendarmería y la Prefectura, es lo que me enteré, deben estar llegando en cualquier momento.
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Luego de explicarle lo que estaba sucediendo le ordenaron que fuera, junto con un grupo de policías, a reprimir para que todo este problema finalizara.
Llegaron a la estación y se dieron cuenta de la magnitud de este piquete.
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Cumplí  24 el 20 de  junio y me regalaron la 1600. En seguida me puse a probarla, me volvía loco. Mi novia Carla no entendía que un aparato me pusiera así de contento. A ella las pinturas le gustaban más, pensaba que demostraban sentimiento… y las fotos no. Yo no le hacía caso y nunca tocábamos el tema para no discutir. Igual, la cámara más que para pasatiempo me servía para trabajar, y por cómo estaban los  precios, agradecía mucho el regalo. Tenía un casamiento el 23 y una fiesta de 15 la semana siguiente, pero estaba pensando en empezar a sacar fotos para diarios o revistas, cosa de estar más estable. También quería irme a vivir a la capital, donde tendría que haber más trabajos. En provincia, más específicamente, en Avellaneda la vida es más tranquila, en cambio, en la capital hay más movimiento, lo que buscaba para mis fotos.
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Los autos no podían movilizarse y muchas personas no podían ir a trabajar o llegar a sus destinos por este corte.
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Un par de días más tarde, el 26, la vecina de al lado me comentó cuando salí a pagarle al diariero que estaban haciendo una protesta en el Puente Pueyrredón, así que si pensaba ir a Buenos Aires, ese no era el día.
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- ¿Hasta cuándo van  a estar cortando?
-Y… hasta que consigamos lo que queremos, porque si no siempre pasa lo mis… ¿Qué es eso?-dije asustado.
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Decidimos esperar al otro día a ver qué decían los diarios.
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De repente se escuchó todo un griterío y vi las camionetas de la policía. La periodista y el camarógrafo salieron corriendo a refugiarse y a filmar lo que empezaba a pasar. Vi a gente tirada en el piso sangrando entre medio del gas lacrimógeno. Ahí fue cuando me empecé a desesperar. No pensé que esto llegara a al punto de que la policía matara personas.
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Se me ocurrió ir a sacar unas fotos que podía venderle al diario local. Llegué al puente pero era un caos. Mi vecina tenía razón. Pero no era por el piquete en sí, sino por  la policía, la federal y la bonaerense que estaban ahí. En un principio, pensé que las balas eran de goma, pero vi pasar a gente con heridas que sangraban, hechas por evidentemente balas de plomo. Nunca había visto algo así en la vida. Empecé a sacar fotos, a nada en particular, a cualquiera que pasaba le sacaba, a la policía, a todos. Hasta que una bala me pasó rozando no había tomado conciencia que mi cuerpo estaba en el medio de todo eso, participando, no como un simple espectador. En ese momento me preocupé por mi propia seguridad y me metí sin pensarlo en la estación.
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Alfredo se dejó llevar por el fastidio que le generaba toda esta situación. Se encontró con un muchacho que tendría alrededor de veinte años. Recordó las órdenes que le habían dado y sin escuchar nada de lo que lo que le dijo, disparó y se fue.
Se oían gritos desesperados y gritos de órdenes. Se oían chirridos de zapatillas que huían y botas que se acercaban. Todo era un caos.
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No pude evitar ver cómo amigos y conocidos míos morían enfrente de mis ojos. Por instinto intenté refugiarme dentro de la estación, pero un oficial me siguió. No voy a mentir, se me cayó alguna que otra lágrima pensando que hasta ahí iba a llegar mi vida y la de muchos otros más. Intenté explicarle al policía que no hacíamos nada violento, que no me matara, que me iba a ir enseguida sin más. No me escuchó. Desesperé por completo pero eso pareció decidirlo finalmente a dispararme.
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Vio que otro joven salía de la estación donde había dejado al muerto.  Sin pensarlo lo empezó a perseguir. Otro muchacho se unió a la persecución hasta dentro del edificio. Ambos piqueteros gritaban. En su carrera al patio apenas vio que el cadáver estaba donde lo había dejado pero con otro hombre. Le disparó al que perseguía originalmente ya que el otro se había escapado. Un segundo policía lo había acompañado y por alguna razón lo puso nervioso el tener un testigo. Se miraron los dos y arrastraron el cuerpo del joven a un puesto de diarios. Empezó a palparlo a ver si seguía con vida. Un fotógrafo le estaba sacando fotos y se lo comunicó. Alfredo lo asoció al hombre parado al lado de su primera víctima y le dijo que se largara con un insulto.
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Sentí la sangre bajar por mi pecho manchando mi ropa hasta llegar al piso, donde caí. Tenía lágrimas en los ojos cuando vi llegar a Darío corriendo hacia mí, también con lágrimas. El oficial se había ido.
-Maxi,¡¡¿qué pasó?!!- dijo consternado-  No te vayas, ¡no me podés hacer esto! Por favor no te mueras…
Intenté responderle, decirle que todo iba a estar bien, pero me costaba respirar.
-Resistí, voy a buscar una ambulancia.
Darío salió corriendo y esa fue la última imagen que logré ver.
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Adentro, había un cuerpo ensangrentado. No podía hacer otra cosa que mirarlo, me hipnotizaba y me horrorizaba a la vez. No se escuchaba nada excepto mi respiración agitada. De repente, entraron gritando y corriendo dos muchachos seguidos por unos policías con armas. Agarré la cámara y empecé a sacarles fotos de cómo los corrieron hasta el patio, no me importaba que fueran a salir borrosas por el movimiento o porque el pulso me temblaba. Escuché disparos. Estaba paralizado pero me obligué a reaccionar y a salir al patio. El cuerpo de uno de los muchachos se seguía moviendo, el otro que lo acompañaba debía haber escapado. Entre dos policías nerviosos lo agarraron y lo arrastraron hasta un puesto de diarios, donde el chico ya no pudo moverse por más que lo intentara. Yo no dejaba de sacar fotos, ya era casi involuntario. Vi que un policía parecía golpearlo y escuché una voz que no reconocí como propia diciéndole que  le estaba sacando fotos, para que parara. Al momento que lo dije me di cuenta que en realidad lo palpaba. El hombre me miro y me insultó.
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Al otro día mi secretario llegó a mi oficina con una pila de diarios. “Se la tragaron” me dijo.
-¿Que dicen?-pregunté
 - La Nación dice :“Dos muertos al enfrentarse piqueteros con la policía” y un periodista escribió: “Ese nivel de desorden y de rebeldía en la manifestación piquetera fue generado por las diferencias entre las distintas agrupaciones que convocaron a los actos de protesta de ayer, frente a la advertencia oficial de que las fuerzas de seguridad no permitirían los cortes de los caminos” .¡Ah! mirá, ésta esta buena:  “El presidente, golpeado, sospecha de una escalada de violencia organizada”. Ámbito y El Cronista dicen más o menos lo mismo, que los piqueteros se mataron entre ellos.
-Buenísimo, queda así y no se habla más del asunto.
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Luego de unos minutos lo único que quedaba eran carteles en el piso tirados por todos lados, olor a pólvora y el humo que había quedado de los gases lacrimógenos. Finalmente luego de varios días y de haberlo juzgado, lo encontraron culpable por lo sucedido y le dieron cárcel perpetua.
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Llegué acelerado a mi casa y me encerré en el cuarto oscuro dispuesto a revelar los rollos e intentando serenarme. Escuché que Carla llegó y se puso a ver televisión sin querer molestarme. Cuando terminé salí y me llegó el sonido del televisor. Era el noticiero. Anunciaban la muerte de dos jóvenes, que según lo declarado por la policía y el gobierno, fue por un ajuste de cuentas entre piqueteros. Entré al living a tiempo de ver la cara de una de las víctimas. Lo reconocí enseguida.
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Al otro día, volvió a aparecer mi secretario, pero esta vez se lo veía preocupado.
-Ahora se nos arma, hay fotos.
- ¿Fotos? ¿Qué hay en las fotos?
-Todo, Kosteki tirado y Santillán ayudándolo, después los dos muertos, la policía apuntándole a Santillán y arrastrándolo cuando ya estaba muerto, al parecer había fotógrafos, el más comprometedor es Sergio Kowalewski que cedió sus fotos al diario Clarín.
-Llamá a Solá, decile que es por un asunto gravísimo y que cambie el discurso, las fotos prueban que los asesinos fueron oficiales de la policía bonaerense y no los piqueteros.
Cuando me quedé solo, reconocí que la situación estaba desbordada y que iba a ser muy difícil remontar la situación con la prensa y con la población. Tenía que hacer algo para mantener la imagen, pero ¿qué? Algo se me iba a ocurrir…
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Le expliqué a Carla más o menos lo que había pasado y me alivió que no me hiciera muchas preguntas al ver lo alterado a que estaba. A la mañana siguiente, bien temprano, saqué las fotos del cuarto oscuro y me fui directo a capital. Llegué al diario Clarín y dije que quería entregar unas fotos muy comprometedoras de lo ocurrido en Avellaneda.  Me atendió el editor de fotografía y me preguntó cuánto quería por el material. No le cobré nada. Simplemente no podía ponerme lucrativo con la muerte de alguien. Las fotos eran terriblemente cruentas, tal y como fue en verdad.
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Alfredo se hace cargo de lo que ha hecho y se arrepiente enormemente de haberle quitado la vida a esos  jóvenes ya que la gravedad del caso no era tan  grande como para terminar con lo sucedido. No puede dejar de pensar en lo mal que hizo y sabe que ese cargo de conciencia va a quedar en su vida para siempre. Pero cree que también hubiese sido acertado juzgar a las personas que le ordenaron hacer todo esto porque, después de todo, él solamente estaba cumpliendo órdenes.

2 comentarios:

  1. “Acababa de salir a la venta la cámara de Kodak, la 1600. Siempre había sido un aficionado a la fotografía. Desde chico, cuando mis viejos compraron una, me encantó capturar imágenes, de lo que sea”, nos avisa uno de los narradores; y en ese gesto autorreferencial, los fragmentos nos toman por asalto. Pequeñas fotos que, en la captura de las voces, desmontan versiones; y, como siempre, la ficción comienza a decir más verdades que aquellos espacios en donde la construcción de sentidos –en plural- se vuelve incuestionable porque el monopolio lo gana el singular. La literatura enfrenta versiones; devela, revela –como estas fotos- lo que el poder silencia.
    Un pensador francés pensaba en la analogía foto – muerte, y estos fotogramas retienen aquello que fue, pero que está ahí congelado y presente. Las fotos se vuelven la respiración del texto que se fragmenta, del texto que sufre espasmos como un cuerpo más.
    Me pareció interesante la relación con el dinero; si el texto como foto y como máquina ficcional produce verdades y se rebela al poder y lo exaspera, por la misma lógica desbarata y hace escapar a la literatura del capital. La entrega sin cobro de las fotos, dice eso.
    Me pareció genial. 3

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  2. Es muy interesante la presentación de este hecho real y la inclusión de la ficción para lograr un efecto mayor así como la manifestación de diversos valores que hacen a la esencia del ser humano.
    Se han utilizado muy buenos recursos estilísticos.
    Excelente-----3

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